El dirigente del Foro Ermua Antonio Aguirre fue agredido ayer cuando pretendía acceder por una puerta trasera al Palacio de Justicia de Bilbao con el fin de asistir a la toma de declaración del lehendakari por reunirse con representantes de la izquierda abertzale. Éste fue el incidente más grave en una mañana plagada de tensión y cruce de insultos entre miembros de esta plataforma y los concentrados en apoyo de los líderes de Batasuna Arnaldo Otegi y Rufi Etxeberria, primero, y de Juan José Ibarretxe, después.
El suceso tuvo lugar poco después de mediodía, cuando el antiguo militante del PSE -expulsado del partido por suscribir la querella del Foro Ermua contra los líderes socialistas Patxi López y Rodolfo Ares debido a su reunión con dirigentes de la izquierda abertzale- intentaba entrar junto a otros integrantes del colectivo cívico a la sede del Tribunal Superior. La comitiva -compuesta por una docena de personas y en la que figuraba también el presidente de Dignidad y Justicia, Daniel Portero- pretendía usar la escalinata principal, pese a que se trataba de un acceso reservado a las autoridades. En este lugar, precisamente, sucedieron los rifirrafes más graves e, incluso, algún conato de agresión durante la anterior declaración del lehendakari el pasado mes de enero .
Los miembros del foro fueron reconducidos por un ertzaina hacia la puerta trasera. Se cruzaron con varios simpatizantes del PNV y ahí arreciaron los improperios. En medio del tumulto, una mujer intentó propinar un paraguazo a Aguirre, que logró esquivarlo. Instantes después, sin embargo, le alcanzó un golpe en los genitales. El propio afectado relató gráficamente que «me han pegado una patada en los cojones y me he caído redondo». «He perdido la consciencia unos segundos», añadió. Protegidos por la Policía autónoma, los miembros del Foro Ermua fueron conducidos a un hotel próximo, mientras Aguirre era atendido en una ambulancia, de la que salió poco más tarde para ofrecer su versión de lo ocurrido.
Los integrantes del colectivo fueron extremadamente duros con el PNV, al que responsabilizaron de la agresión. Aseguraron que los concentrados coreaban «que se muera» cuando vieron a Aguirre en el suelo. El también dirigente del Foro Ermua Iñaki Ezkerra denunció la «matonería y pelea amañada del PNV» y aseguró que «el problema no es ETA, sino el PNV que ha alentado una ideología totalitaria de origen: el sabinismo». Asimismo, advirtió de que «si ni Franco ni ETA pudo con nosotros, tampoco lo harán estos nazis de mierda». A su juicio, los simpatizantes de Batasuna «tienen la kale borroka y éstos tienen la kale batzoka».
Inmediatemente, el abogado de la plataforma ciudadana, Fernando García-Capelo, anunció que emprendería acciones legales contra el agresor, «que puede ser reconocido por las cámaras de televisión», y contra el responsable de la Ertzaintza. Según su testimonio, un escolta retuvo al atacante, pero al entregarlo a los agentes, «éstos lo dejaron libre sin identificarlo». La denuncia fue hecha efectiva durante la tarde ante el Juzgado de Guardia de Bilbao.
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Salvo en esos instantes, la concentración de simpatizantes jeltzales en el exterior del Palacio de Justicia, convocada un cuarto de hora antes del inicio de la declaración del lehendakari, se desarrolló con normalidad y gritos de ánimo a Ibarretxe.
Justo al otro extremo del edificio, pero dos horas antes, se movilizaron un centenar de militantes de la izquierda abertzale para respaldar a Otegi y Etxeberria en su comparecencia judicial. En este caso, los incidentes también ocurrieron cuando los miembros del Foro Ermua accedían al tribunal -esta vez por la parte trasera- y se detuvieron unos minutos para devolver los insultos que recibían. «Fascistas», «etarras» y «fachas» fueron algunos de los calificativos que se intercambiaron.
Cuando entraron los mahaikides, a las 10.30 horas, la bronca se convirtió en gritos de ánimo. Sin pretenderlo, otro de los ovacionados fue el presidente del TSJPV, Fernando Ruiz Piñeiro. Al ser el primero en acceder al Palacio -también por la puerta trasera-, cuando los medios de comunicación se percataron de su presencia y se revolvieron sin apenas tiempo para captar imágenes, algunas mujeres le llamaron «valiente» y «gudari», convencidas de que quien entraba a la sede judicial era Arnaldo Otegi.