El lehendakari Ibarretxe reiteró ayer ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco lo que ya había subrayado en sus intervenciones públicas del fin de semana: que efectivamente se ha reunido con «los líderes de la izquierda abertzale o Batasuna, se llame como se llame», que lo sigue haciendo en la actualidad y que volverá a hacerlo en el futuro para cumplir «la palabra» dada a la sociedad vasca de dialogar «de todo y con todos» con el fin de alcanzar la paz.
Una declaración solemne que hizo no sólo ante el juez instructor de la causa que se sigue contra él por un presunto delito de desobediencia, sino también ante el millar de simpatizantes que se congregó frente a las escalinatas del Palacio de Justicia bilbaíno para arroparle. El explícito reconocimiento de sus intenciones podría complicar su situación y dar una nueva vuelta de tuerca al tortuoso proceso judicial iniciado hace ya casi un año, porque el Foro Ermua ha dejado claro que presentará nuevas querellas en cuanto tenga noticia de cualquier cita con el partido de Arnaldo Otegi e incluso ha solicitado medidas cautelares contra Batasuna para evitar «una cadena de delitos».
La escenografía de la comparecencia del jefe del Ejecutivo de Vitoria -la segunda en menos de dos meses- fue similar a la desplegada el pasado 31 de enero, cuando Ibarretxe declaró por primera vez en calidad de imputado por reunirse con Batasuna, aunque con algunas diferencias. Igual que entonces, el presidente vasco se presentó en la sede judicial acompañado por su Gabinete en pleno, flanqueado por los 'hombres fuertes' de EA y Ezker Batua en el Ejecutivo y miembros de su consejo político, Joseba Azkarraga y Javier Madrazo. En esta ocasión no le acompañó su esposa, Begoña Arregi. Unos pasos por detrás caminaban la 'número dos' del Gobierno, Idoia Zenarruzabeitia, y el consejero de Interior, Javier Balza. Junto a la puerta del TSJPV reservada a las autoridades, frente a los jardines de Albia, esperaban los principales líderes de su partido -Josu Jon Imaz, Joseba Egibar, el diputado general de Vizcaya, José Luis Bilbao, y el presidente de la Fundación Sabino Arana, Juan María Atutxa, entre otros- y los de EA y EB. El ex lehendakari Carlos Garaikoetxea también acudió, lo mismo que Xabier Arzalluz, que prefirió situarse fuera del cordón de seguridad, en animada charla con otros militantes.
Ibarretxe llegó a la sede del tribunal unos minutos antes de las doce del mediodía -la hora fijada para su comparecencia- entre aplausos y gritos de ánimo y lo abandonó treinta y cinco minutos después. Diversas fuentes judiciales coincidieron en señalar que el trámite, bastante más breve que el anterior, se desarrolló «con absoluta normalidad y corrección», sin la tensión latente de entonces. Tras ser recibido por el presidente de la Sala de lo Contencioso, Juan Luis Ibarra, Ibarretxe se encaminó a la sala de declaraciones. Si en su otra comparecencia contestó a las preguntas del instructor, Roberto Sáiz, a las de las defensas y a las de la fiscal jefe del TSJPV -no así a las del Foro Ermua-, en esta ocasión no respondió a interrogatorio alguno y se limitó a hacer una declaración en la que reconoció abiertamente el principal aspecto que buscaba aclarar la citación de ayer, si había mantenido nuevas entrevistas con Batasuna con posterioridad a la que dio origen a la causa penal, celebrada en abril del año pasado.
Reunidos «con todos»
Ibarretxe lo admitió sin ambages ante el magistrado y también ante los fieles que le esperaban a su salida del tribunal. Sus palabras fueron prácticamente las mismas en uno y otro escenario. «Efectivamente, el 22 de enero me reuní con los líderes de la izquierda abertzale o Batasuna, se llame como se llame», recalcó el lehendakari a las puertas de la sede judicial, donde se había instalado un equipo de megafonía para amplificar sus palabras. Nada que ver con su primera declaración, en la que evitó referirse expresamente a Batasuna aunque el magistrado Sáiz le interrogó al respecto hasta 25 veces. «Lo estoy haciendo también en estos momentos y lo voy a seguir haciendo», aclaró Ibarretxe, que justificó su comportamiento en los compromisos contraídos con la sociedad vasca. «Si algún día no puedo cumplir mi palabra me iré a casa, porque si algo tenemos los vascos por encima de todo es el valor de la palabra», remachó.
Ibarretxe reconoció así la cita que mantuvo en Ajuria Enea con los dos dirigentes radicales citados a declarar en el día de ayer, Arnaldo Otegi y Rufi Etxeberria. Según la versión de la parte querellante, también ellos admitieron reuniones «con todos, en uso de sus derechos civiles y políticos» para tratar de buscar una salida «al conflicto». Aquel encuentro se produjo una semana antes de su primera declaración y el mismo día que la asamblea nacional del PNV acordó una movilización sin precedentes para respaldar a Ibarretxe, que incluyó una manifestación previa que esta vez se ha caído de la agenda.
Frente al micrófono, Ibarretxe agradeció «de corazón» las muestras de apoyo recibidas, mientras sus seguidores no cesaban de aplaudirle. Pero también aprovechó para censurar la causa penal contra él -que le ha convertido en el primer lehendakari de la historia en declarar como imputado ante un tribunal- como una «obra de teatro sin pies ni cabeza» y como una injerencia en sus funciones como jefe de gobierno. Según dijo, es lícito que se produzca un «control político» de sus acciones y de las de su Ejecutivo, pero siempre en el seno del Parlamento vasco «y no en sede penal».
El lehendakari se despidió de sus seguidores no sin antes animarles a volver «con tranquilidad» a sus trabajos porque «tenemos muchísimas cosas que hacer». «Este país va hacia delante porque, por encima de estos teatros, nos dedicamos a trabajar cada día. Eskerrik asko. Agur».
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