Las oportunidades laborales y la mentalidad abierta de los americanos son los dos aspectos más positivos que Joaquín extrae, hasta el momento, de su experiencia. Sin embargo, para esta familia vasca pesa el estilo de vida español. «No mantenemos mucho contacto con los americanos, porque no están acostumbrados a relacionarse con la gente». Así que su grupo de amigos en Palm Beach se compone de españoles y latinoamericanos que, como ellos, se encuentran en país ajeno. Su cesta de la compra, sin embargo, apenas ha experimentado cambios. La llenan con productos muy similares a los que su paladar está acostumbrado. La diferencia está en el precio. «Aquí es más caro», advierte desde Florida. «Nosotros siempre cocinamos con aceite de oliva, pero es muy difícil encontrar un buen jamón».
Son pequeñas diferencias que no le preocupan. La educación de su hijo Nicolás, de 17 meses, sin embargo, sí. De hecho, sería el único motivo por el que regresarían a Vitoria. «No le vamos a educar a la americana. Si vemos que, a medida que crece, la educación no es la que queremos darle, nos plantearemos volver». De hecho, en su casa, tanto Joaquín como Arantza, hablan español porque para ellos es «muy importante mantener la lengua». Y así se lo hacen ver a su hijo.
De momento, el pequeño de la casa no es consciente de las preocupaciones de sus padres, que pasan su tiempo de ocio «sin una buena sobremesa, porque no se estila». Pero la vida en Florida les ofrece otras oportunidades: viajar al campo, hacer deporte en la calle y, lo que más se lleva, «pasear cerca de los cocodrilos».