Agentes antidisturbios de la Ertzaintza tuvieron que desalojar ayer a las 40 personas que se habían amotinado en el caserío Etxaburugoitia de Abadiño para evitar que sus propietarios, un matrimonio de avanzada edad, fueran obligados a abandonar la vivienda. Emilio Iturriagagoitia y Juli Uriarte, junto con sus hijos, familiares y vecinos de la zona, se encerraron en la cocina. «No queremos violencia, ya que no somos violentos. ¿Sólo queremos negociar!», proclamó la pareja de octogenarios desde el interior de su hogar, que en breve será demolido para la construcción de las nuevas cocheras de Euskotren.
El encierro se produjo después de que, sobre las nueve y media de la mañana, un responsable de la Policía autónoma anunciase a la pareja, en compañía de sus hijos, la orden de desalojo dictada por el Juzgado de lo Contencioso Administrativo de Bilbao. «Bajo ningún concepto vamos a abandonar de forma voluntaria nuestra casa, porque no tenemos adónde ir», espetó Emilio bajo una incesante lluvia.
En ese momento, los familiares, vecinos y amigos agolpados frente al caserío decidieron amotinarse en la cocina. Una docena de agentes antidisturbios se personaron entonces en la vivienda, a la que pudieron acceder después de forzar la puerta de entrada con unas ganzúas. A partir de ese momento, las cuarenta personas encerradas comenzaron a salir del inmueble de uno en uno.
Emilio y Juli fueron los últimos en asomar por la puerta. Con lágrimas en los ojos, el propietario cuestionaba la oferta de desalojo. «Hace seis años el señor Alberto Carrillo -técnico encargado de la expropiación de la vivienda y los terrenos- vino por aquí y nos dijo que podríamos coger más de 50 millones de pesetas. Ahora un Tribunal de Expropiación Forzosa nos ofrece 213.000 euros. Con eso no podemos comprar nada. Nos han engañado. No entiendo cómo nos pueden hacer esto, siendo del PNV de toda la vida», se quejó a sus 80 años.
Uno de los momentos de mayor tensión se vivió cuando el propio Alberto Carrillo intentó acercarse hasta la casa. «¿Ladrón, mírame a la cara y acuérdate de mí, que tú eres el culpable de todo esto! ¿Nos has engañado!», le increparon los familiares de Emilio y Juli. A falta de un hogar, el matrimonio vivirá separado con sus hijos en Durango y Abadiño.