Resurrección y patria hasta la muerte. Así se resumió la celebración del Día de la Patria de 1937. Amenazados por las tropas del general Mola y «recluidos» a la fuerza en Vizcaya, los nacionalistas intentaron que su VI Aberri Eguna -conmemorado el domingo 28 de marzo- se transformara en una reivindicación a ultranza de su fe católica al mismo tiempo que se estableció una curiosa conexión entre la resistencia y salvación de la Patria con el gesto más trascendentemente divino de Cristo: su resurrección. «Aberri Eguna -proclamaba el diario Euzkadi- es la fiesta de la resurrección de la patria vasca. La fe en el triunfo de esta resurrección la instituyó asociándola a la más grande festividad del mundo cristiano: la Resurrección de Jesucristo, fundamento supremo de nuestra divina religión».
Era fácil adivinar, visto el paralelismo, que pese a los más desalentadores pronósticos, Euzkadi no podía morir jamás pues, en cierto modo, gozaba del privilegio de ser un pueblo tocado en lo más hondo por la providencia divina. ¿Y por qué los vascos y no otros? Principalmente por «el sello providencial impreso en la figura del fundador y en el carácter de su obra. ¿Por qué había de ser un espíritu tan firmemente cristiano el propulsor del patriotismo vasco, el orientador de la conciencia nacional de Euzkadi? El hecho es que lo fue y siéndolo creó el patriotismo más perfecto, más ajustado a las normas cristianas de todos los que han conmovido en la Historia las almas nacionales».
Para ahondar más en la vocación religiosa del país se hizo toda una alabanza del sacerdote vasco como elemento dinamizador del mensaje evangélico por España y el mundo. Evidentemente, semejante declaración de intenciones dejaba a las claras que el País Vasco no estaba poseído por el diablo, tal y como pensaban erróneamente los del bando reaccionario.
Emakumes abertzales
El programa de actos que se preparó para tan señalada fecha no fue, en absoluto, de compromiso. Con el objetivo de conseguir una participación multitudinaria, los organizadores diseñaron una jornada en la que se alternaron actos religiosos con espectáculos deportivos y culturales. Los más señalados habrían de ser dos. La misa en la Basílica de Begoña, que contaría con una nutrida presencia de miembros importantes del PNV, entre los que destacaban diputados a Cortes y concejales del Ayuntamiento bilbaíno. También acudirían los Consejeros del Gobierno vasco.
El otro gran acto religioso habría de tener como escenario el campo de San Mamés. Allí se celebraría una multitudinaria misa de campaña a la que, además de los representantes de las entidades nacionalistas de Abando, Bilbao, Deusto y Begoña, asistieron «los miembros del Consejo Supremo de Euzkadi, los dirigentes de los Batzokis y Juventudes de Bilbao y de las agrupaciones de Emakumes abertzales; los miembros de los Tribunales Nacionales y Regionales de Justicia» y, de nuevo también, los diputados a Cortes y concejales del Consistorio. Tras este acto, todos acudieron en impresionante manifestación al izado de la bandera nacional en Sabin Etxea.
La agenda deportiva no era menos importante. Se organizaron dos competiciones vistosas y emocionantes. Por un lado, una carrera ciclista para la cual se diseñó un recorrido que en absoluto hacía pensar en la guerra. Con salida en Bilbao, los participantes pasarían por Galdakao, Amorebieta, Gernika, Bermeo, Sollube, Mungia, Plentzia, Algorta, Las Arenas y, de nuevo, Bilbao. La meta se instaló en la Avenida Sabino de Arana. Los corredores, en su mayoría, provenían de batallones de gudaris o de los cuerpos de la Ertzaña. El otro encuentro deportivo tendría como escenario el campo de San Mamés. Un gran festival atlético que además de deleitar a los espectadores con pruebas como lanzamiento de barra vasca, arrijasotzailes, lanzamiento de jabalina y pruebas de 5.000, 1.500 y 80 metros lisos, serviría también para rendir homenaje a los «bravos marinos vascos».
En solitario
Para ellos y, sobre todo, para los familias de los caídos en la mar, se organizó una cuestación que dirigieron las Emakumes abertzales. Los actos culturales se centraron en las intervenciones de la Banda Nacional Vasca y en las cuatro representaciones, con lugar en el Arriaga, de la ópera 'Amaya'.
Desgraciadamente, el 28 de marzo, Domingo de Resurrección, fue un día lluvioso y triste, lo que obligó a alterar el programa de actos. Como señaló el diario Euzkadi, «el mal tiempo, sintiéndose fascista por unas horas, determinó que se dispusiera la celebración en la basílica de Begoña de la solemnísima misa que había de ser de campaña y tener lugar en el campo de San Mamés». Del mismo modo se tuvo que suspender el festival atlético y, como consecuencia, no se pudo realizar el homenaje a los marinos vascos.
Sin embargo, y esto se remarcó muchísimo, el mal tiempo no redujo la participación popular. Las dos misas celebradas en Begoña fueron impresionantes. «Para dar a nuestros lectores una idea de la magnificencia de este acto -contaba el Euzkadi en referencia a la primera misa-, nos basta con indicar que la comunión, repartida, como ya hemos dicho, por cuatro sacerdotes, duró cerca de la hora y media».
La prueba ciclista se celebró tal y como estaba prevista. El ganador fue Alfredo Llanos, perteneciente al Batallón Sabino Arana, que llegó en solitario a la meta. No menos éxito tuvieron las representaciones de la ópera 'Amaya' que, cómo no, también fueron multitudinarias.
En definitiva, la celebración del VI Aberri Eguna, a pesar del ánimo de normalidad que se intentó que tuviera, estuvo marcada por la guerra. Resurrección, patria y resistencia hasta la muerte fueron los mensajes más rotundos que se lanzaron aquella fecha. Y es que Mola ya había iniciado su ofensiva. Un ataque decisivo que, a la postre, habría de convertir aquella fiesta de la Patria Vasca en la última durante mucho, mucho tiempo.