Las tres cruces del Monte Calvario proyectaban su sombra sobre una multitud, mientras desde lo alto Jesús pedía perdón por las almas de quienes le habían flagelado y obligado a cargar con la cruz. Su martirio había empezado a las nueve y media en el Campo de las Monjas. Allí se le condenó y se le impuso la corona de espinas que habría de llevar durante las más de dos horas de Vía Crucis. «Todo está cumplido», rezó, «en tus manos encomiendo mi espíritu». Un silencio sepulcral invadió el escenario de la crucifixión, junto al frontón municipal.
«En la cruz sentía alivio», dice José Manuel Ansuátegui, el actor que interpretó a Jesús en Balmaseda, «pensaba: 'ya lo he hecho'». Terminada la actuación, fue recibido entre vítores y aplausos en el frontón, donde centuriones y legionarios se desprendían de sus armaduras y volvían a ser vecinos de Balmaseda. Manuel Arroyo, el romano que corona a Jesús con espinas, observaba sus manos cubiertas de llagas mientras una auxiliar le lavaba las heridas. «Las ampollas durarán una semana, pero ya estoy pensando en repetir», aseguraba. Llegaban los familiares y con ellos las felicitaciones, entre otras la del lehendakari.
Algunos actores tienen mucha experiencia. Es el caso de Mari Nieves Fernández, quien ha representado a la Magdalena y a Verónica, y que este año era la Virgen María. «Se vive con mucha pasión, porque te acuerdas del calvario de Jesús, de tu familia, de muchas cosas», explica. Para Odei Gómez, Magdalena, ésta ha sido su única vez. Aunque se encuentra feliz, no repetirá. «Quiero que sea algo único en mi vida», afirma. Un instante irrepetible, como el que han vivido padre e hijo, Jesús y el Cirineo, en el momento en que éste le ayuda a cargar con la Cruz. «Ha sido un momento muy emotivo», confiesa José Manuel. «Hemos llorado, sabiendo que él había pasado por lo mismo al hacer de Jesús en el 66. Ha sido increíble».