Santullán es una pequeña pedanía situada en la zona oriental de Castro Urdiales, muy cerca de Sámano. Pese a su reducido tamaño, su territorio ha sido escenario de un espectacular aumento poblacional en los últimos años. En un primer momento, la urbanización Los Robles sumó 169 nuevos vecinos a los más de 700 que ya residían en el lugar. Ahora, la puesta en marcha de un nuevo complejo residencial de 240 chalés irá aumentando de manera progresiva el número de habitantes hasta duplicarlo cuando concluya el proyecto.
Santullán comparte con otras pedanías diversas dificultades en relación al saneamiento, el agua, infraestructuras y servicios. El propio alcalde de la localidad, Julián Revuelta, y muchos de los vecinos consideran que su comunidad no está preparada para este 'boom' poblacional. Hasta que el recién adjudicado contrato del agua y los colectores previstos en la tercera fase del saneamiento integral se materialicen, esta zona seguirá teniendo la depuradora saturada e importantes dificultades para abastecerse de luz y agua potable, además de los problemas para la evacuación de aguas negras.
Revuelta critica que el Ayuntamiento de Castro «ni hace ni deja hacer» nada para mejorar la situación. «No estamos preparados para estos cambios y es indignante que el Consistorio no nos ayude. Cuando quisimos renovar las instalaciones deportivas nos paralizó el proyecto con las subvenciones ya concedidas», lamenta el alcalde pedáneo. Él desea que los responsables municipales se den cuenta de que, «al multiplicarse la población por dos, también lo harán las demandas. Va a empeorar mucho la calidad de vida».
Impuestos como en Bilbao
Por su parte, los vecinos se preguntan «si habrá agua para todos», aunque la mayoría ve la llegada de más residentes como una oportunidad «para que aumenten las prestaciones, negocios y servicios» en la zona. Sin embargo, hay un aspecto que tiene muy preocupado a los residentes: el aparcamiento. «Aquí no hay donde aparcar. ¿Dónde se van a meter 500 vehículos más?», se pregunta Revuelta. La escasez y mala conservación de las aceras, espacios verdes y la existencia de un único parque infantil son otras de las protestas de los vecinos de Santullán. «Desde que nos cerraron los caminos rurales, ya no hay ni lugares para pasear y los niños casi no tienen dónde jugar», se queja una mujer que reside junto a sus tres hijos pequeños en la urbanización Los Robles.
Pero lo que más les «indigna» es que pagan impuestos «como si viviéramos en el centro de Bilbao, cuando aquí no hay nada de nada», enfatizan. Por si fuera poco, en la colindante pedanía de Sámano están proyectados otros 200 chalés. Están tan cerca del límite con Santullán que el alcalde se teme que «también harán su vida aquí».