Salimos más a comer y cenar, acudimos con frecuencia mucho mayor a los bares de copas y optamos de manera creciente por un ocio a la carta, programando en nuestra casa sesiones de música o de cine en DVD. Por el contrario, desciende la afición a ver espectáculos deportivos y un hábito tan tradicional entre los vascos como ir al monte está en crisis. Los tiempos están cambiando, ya lo decía una vieja canción. La incorporación de la mujer al mundo laboral, el mayor nivel de renta y la tendencia de las parejas jóvenes a irse a vivir a ciudades dormitorio o colonias de chalés adosados están acelerando el proceso de cambio. Lo que sucede es que la conjunción de todos esos factores está dejando irreconocibles los hábitos sociales de los vascos en el corto plazo de una generación hasta el punto de arrasar incluso con algunos signos de identidad social. El estudio de los sucesivos informes realizados por el Eustat (Instituto Vasco de Estadística) desde 1989 da buena cuenta de ello.
RELACIONES FAMILIARES
Más intensas
¿Quién dijo que la familia está en crisis? El 88% de los vascos asegura que sus relaciones con los familiares más próximos son intensas, cuando hace quince años eran sólo el 69%. También crecen los contactos con personas vinculadas por lazos de sangre no tan próximos y los mantenidos con amigos. «Los padres siguen siendo una referencia de seguridad ante los vínculos más endebles que ahora se establecen en otros ámbitos», explica el catedrático de Sociología en la Universidad del País Vasco Víctor Urrutia.
El incremento de las relaciones con los familiares se explica también por el nuevo estilo de vida. El trabajo de la mujer fuera de casa obliga a las parejas a recurrir a los abuelos para el cuidado de los niños. El resultado, comenta Urrutia, es que ahora los matrimonios jóvenes ven mucho más a sus padres que antes, aunque sólo sea porque deben pasar por su casa a recoger a los pequeños al final de la jornada laboral. De hecho, añade, si no fuera por las redes de ayuda familiar, sería casi imposible que en muchos matrimonios con hijos pudieran trabajar los dos.
VIVIR EN LA CALLE
El atractivo de bares y restaurantes
Bares y restaurantes son los puntos de encuentro de la mayor parte de la gente. Los destinos preferidos por los vascos cuando salen de casa. Lo primero que llama la atención es que casi uno de cada tres mayores de seis años sale alguna vez al mes a comer o cenar en fin de semana. Es decir, no se consideran aquí las comidas fuera de casa por razones de trabajo. Hace quince años, sólo lo hacía con esa frecuencia uno de cada ocho ciudadanos. Ello supone que se ha más que duplicado el número de quienes comen o cenan fuera desde el viernes por la noche al domingo.
El aumento del nivel de renta aporta una explicación a este fenómeno, pero es de nuevo la incorporación de la mujer al mundo laboral lo que lo justifica en mayor medida. «Cuando ambos trabajan fuera, el fin de semana hay pendientes muchas tareas domésticas y por eso se opta con frecuencia por no hacer comida en casa y salir». Para Urrutia, eso, unido a una arraigada cultura grastronómica, explica que sobre todo los sábados los restaurantes, desde los más lujosos hastas las cervecerías más modestas, estén llenos.
Es además una práctica contagiosa. María Luisa Setién, profesora de Sociología en la Universidad de Deusto y autora de un extenso artículo sobre el asunto publicado por el Eustat, sostiene que el hábito de salir a comer fuera se da casi en la misma medida en las familias donde trabajan ambos cónyuges que en aquellas donde lo hace sólo uno. «Es algo que está en relación con el estilo de vida que ahora llevamos, y ese estilo de vida es muy similar trabaje fuera la mujer o no».
Si los restaurantes son ya un lugar de visita habitual para los vascos, los bares en todas sus modalidades -desde la pequeña degustación de café hasta el local de copas con música a todo volumen hasta el amanecer- parecen el segundo hogar de un número creciente de personas. El 61,2% de la población mayor de seis años sale a tomar 'potes' o copas al menos una vez por semana. Ello supone un crecimiento del 50% en quince años.
Urrutia y Setién coinciden en atribuir ese aumento sobre todo a los más jóvenes, pero alertan también sobre el hecho a su juicio incontestable de que el consumo de alcohol ha prendido en la sociedad vasca. «Es una droga asumida socialmente», dice Urrutia con una expresión muy gráfica.
También crecen los viajes. Más del 60% de la población viaja al menos alguna vez a lo largo del año. Tres lustros atrás era sólo el 54%.
CONSUMO CULTURAL
En la intimidad del hogar
La asistencia a espectáculos culturales baja en lo que se refiere al número de personas, aunque eso se compensa en parte con un incremento de su consumo. En cambio, el consumo de espectáculos en su conjunto crece. El análisis de los sucesivos estudios del Eustat parece apuntar hacia una brecha creciente: quienes consumen cultura lo hacen cada vez en mayor medida, pero ese consumo está determinado por su lugar de residencia. Aquí entra en escena un elemento nuevo: la creciente tendencia de las parejas jóvenes a vivir en ciudades dormitorio situadas a una cierta distancia de las capitales o en colonias de chalés reduce su consumo de cultura en vivo. La necesidad de realizar un trayecto de unos cuantos kilómetros en coche, un viernes o sábado por la noche, termina por desincentivar ese consumo. El resultado final es que, a igual nivel cultural y de renta, van más al teatro, conciertos y otros espectáculos similares quienes viven en las capitales.
Así se explica también el aumento del consumo de productos culturales 'enlatados'. Ver cine en vídeo/DVD, escuchar música en casa, leer novelas y diarios son actividades que registran fuertes incrementos en los últimos años. Navegar por Internet, también, pero el fenómeno es demasiado reciente como para que pueda establecerse una comparación real con encuestas anteriores. Los datos de todos estos capítulos revelan, en cualquier caso, un consumo de cultura y espectáculos en el hogar muy significativo: el 60% de la población ve películas en su casa gracias al vídeo o el DVD (el 26% quince años atrás), el 73% escucha música (64% en 1989), otro tanto lee diarios (62%) y el 40%, novelas (25%).
DEPORTES Y PASEOS
Menos asistencia, práctica diferente
La actitud de los vascos hacia el deporte está variando; quizá a menos ritmo que otros hábitos, pero de una forma significativa. Por una parte, disminuye el interés por ver deporte. En Vizcaya apenas se produce variación, y casi una de cada cinco personas asiste regularmente a espectáculos deportivos o los sigue en TV. Sin embargo, en Guipúzcoa se produce una caída notable y de algo más del 20% de espectadores habituales se pasa a menos del 15% en tres lustros. En Álava la caída es menor: del 21 al 19%.
En cuanto a la práctica, la tendencia es la contraria. Aumenta el número de personas que hacen deporte. Pero hay cambios cualitativos muy importantes. Setién destaca que el crecimiento se produce porque también aquí son las mujeres las que se incorporan a ese hábito. Urrutia pone el acento en un cambio en los deportes practicados: ya no se trata tanto de actividad en equipo y al aire libre como de trabajo en gimnasio. «Algo que está ligado al culto al cuerpo y a la necesidad de compatibilizar esa práctica con las horas libres que deja el trabajo», explica Urrutia. Por eso, los gimnasios están llenos al final de la tarde o durante el horario de la comida.
Lo que también parece evidente es que la edad media de quienes practican deporte está subiendo. Influyen factores como el citado culto al cuerpo (que se hace acuciante en algunos al llegar a la treintena) pero sobre todo, dice Setién, tiene una importancia crucial el 'botellón'. «Es muy difícil que jóvenes que se han acostado a las seis después de haber bebido en abundancia se junten a primera hora de la mañana del sábado o el domingo para subir al monte o jugar un partido de fútbol», aclara.
Una opinión que se ve también corroborada por el dato de que una práctica tan identificada con los vascos como ir al monte está cayendo. No en Álava, moderadamente en Vizcaya y en picado en Guipúzcoa. En este territorio, tres décadas atrás el 41,4% de los mayores de 6 años iba al monte de manera habitual. Hoy apenas son el 29,1%.
Algo similar pasa con el paseo, que es el deporte de los mayores. Aunque han crecido los espacios habilitados para pasear, en especial en las ciudades, el número de los paseantes habituales retrocede: del 27,1% que lo hacía a diario en 1989 se ha pasado a sólo el 22%. Un dato aún más llamativo si se piensa que la edad media de los vascos no para de subir. Y que pasean más los jubilados que los jóvenes.
ACTIVIDAD RELIGIOSA Y POLÍTICA
Desinterés
La actividad política y sindical no ha suscitado nunca un gran interés entre los vascos. El 95% de los ciudadanos no participa nunca o casi nunca en actividad político-sindical alguna. Y ese desinterés se mantiene con regularidad machacona a lo largo de los años. Algo paradójico en una sociedad que sin embargo es de las más politizadas de Europa.
En cambio, los estudios ratifican la acelerada secularización de la sociedad. Siete de cada diez vascos ya no acude a una iglesia más que en ocasiones esporádicas, normalmente con ocasión de funerales y bodas y otras ceremonias. El porcentaje de quienes acuden a diario o al menos una vez por semana ha caído en quince años del 28,8 al 11,6. Más que caída, desplome. Verdaderamente, los tiempos están cambiando.
c.coca@diario-elcorreo.com