«Llega el momento en que hay que sacar a la luz todo lo que ha pasado, sin ánimo de revancha ni rencor, pero recordando la historia», con estas palabras José Antonio Laskurain, eibarrés de 77 años de edad recordó su infancia y adolescencia durante la celebración ayer en la plaza de Untzaga de la 76 edición de la proclamación de la II República. Nació a escasos 50 metros de la plaza de Untzaga y un año antes de que en ese mismo lugar, anticipándose al resto del Estado español, se izara la bandera tricolor.
José Antonio, junto al medio millar de republicanos venidos de todo el Estado, revivió ayer en la plaza del Ayuntamiento eibarrés cómo tuvo que escapar junto a su familia de los bombardeos nacionales. Bilbao, Santander y finalmente Avilés, desde donde José Antonio y su familia fueron conducidos a Francia. «Una vez allí nos dijeron: a la España de la República o a la España de Franco, y mi madre como no sabía el paradero de mi padre, que estaba en la guerra, decidió regresar a Eibar y buscarle».
«Nosotros siempre celebramos este día e incluso cuando no se podía, lo conmemorábamos en casa», señaló Isabel González, de 71 años, a quien la guerra la trajo a Eibar hace más de 50 años cuando su padre, preso político, se instaló en la ciudad armera en busca de trabajo y una nueva vida. Pese a haber estado encarcelado inculcó a sus hijos los valores republicanos y hoy Isabel González lleva con orgullo en su solapa una bandera republicana.
Untzaga no sólo se pobló de banderas con la tercera banda morada sino que rechazó a golpe de aplauso la ley de la Memoria Histórica que como afirmó ayer Gaspar Llamazares, coordinador general de IU, se trata de una ley «pragmática» que no condena al Franquismo ni anula la simbología o los juicios franquista que «siguen pesando como una losa».
Cambio generacional
Durante el discurso, los mayores se emocionaron un año más o lloraron el dolor guardado tantos años. Entre ellos la eibarresa Conchi Gallastegi, que recordó a su padre y repitió las palabras de Llamazares «no es justo el olvido pero sí el perdón» o Jesús Sánchez, de 73 años y militante comunista de Galdakao, para quien este día le sirve para recordar a sus progenitores. Su padre, guardia civil que defendió con su vida la República, murió en Múgica y su madre, que tuvo que sacar adelante a sus ocho hijos, estuvo presa durante tres años en Saturrarán y en Larrinaga.
Por su parte, los más jóvenes agrupados en Gazte Komunistak y el área de juventud de Esker Batua-Berdeak reivindicaron una tercera República en una marcha cívica que partió ayer de Ermua y llegó al centro de Eibar minutos antes de que diera comienzo el mitin de dirigentes de IU y EB.
Más de medio centenar de jóvenes, de entre 14 y 25 años de edad, todos ellos nacidos en la Democracia, leyeron en un comunicado que quieren decidir sobre aspectos que les conciernen como la «precariedad laboral», la «vivienda digna», el modelo educativo y como apuntó Yuri Rueda, ermuarra de 24 años, militante de EB de Ermua, reivindicar un Estado laico, federal y sin Monarquía. Al final, nuevos y antiguos republicanos degustaron en Untzaga las 500 raciones de paella.