Si el peso político de una comunidad dentro de un Estado se mide por el volumen de electores que aporta, el País Vasco es cada día más liviano. Desde las elecciones generales de 2004 hasta hoy, el número de vascos -incluidos los residentes fuera de España- con derecho a voto ha descendido en 24.000. Se trata de una tendencia que va a continuar en los próximos años, dado que Euskadi tiene uno de los porcentajes de menores de 18 años más bajos del país, a lo que se suma un persistente saldo migratorio negativo. El fenómeno no es nuevo y ya en las elecciones generales de 1993 Vizcaya perdió un escaño (pasó de diez a nueve) por efecto de su debilidad demográfica. Lo que sucede ahora es que esa pérdida se acelera a la vez que las regiones más dinámicas económica y socialmente, sobre todo Madrid, Comunidad Valenciana y Andalucía, ganan población y escaños.
En las próximas elecciones municipales la caída en el número de ciudadanos con derecho a voto quedará algo enmascarada porque podrán ejercerlo los ciudadanos comunitarios y los noruegos. Pero si se resta el voto de los extranjeros, lo cierto es que la pérdida registrada en Euskadi en sólo tres años se queda muy cerca de todo el censo electoral de Soria capital, que está en 28.000 personas. Así se explica que si en los primeros comicios de la Transición, en junio de 1977, el peso electoral del País Vasco en el conjunto de España era del 5,7%, hoy es de sólo el 5,1. El descenso es muy significativo por sí mismo, pero adquiere caracteres mucho más graves si se compara con lo que ha sucedido en Andalucía, que ha crecido en estos treinta años del 16 al 17,7%; Madrid, del 11,6 al 12,7% y la Comunidad Valenciana, que ha pasado del 9,5 al 10%.
Idénticos escaños, a corto
Pese a estos datos, a corto plazo el País Vasco no corre riesgo de perder ninguno de sus 19 escaños actuales, según explican especialistas en demografía consultados por este periódico. Con toda seguridad, no ocurrirá en las próximas generales y salvo que se produzca un inesperado empeoramiento del saldo migratorio es poco probable que suceda en 2012. La razón fundamental es que la caída demográfica se está produciendo sobre todo en Vizcaya, donde el margen de electores hasta la pérdida de un escaño es mayor. Pero a partir de esa última fecha el riesgo se elevará de manera importante. Mientras, Madrid y la Comunidad Valenciana han ganado tres escaños desde las primeras elecciones y Andalucía, dos. Ahora tienen 35, 32 y 61, respectivamente.
Las razones para la caída de electores en Euskadi son varias. En primer lugar, la emigración. Cada año, el saldo migratorio interno (es decir, el referido a los ciudadanos españoles que se convierten en residentes del País Vasco o dejan de serlo) arroja un déficit de entre 3.500 y 4.000 personas. El problema es mayor de lo que podría parecer, pues mientras quienes se van son mayoritariamente personas adultas (jubilados que regresan a su pueblo o buscan un clima mejor, jóvenes que encuentran trabajo fuera...) y por tanto electores, entre quienes llegan hay muchas familias con hijos menores de 18 años, que carecen de derecho a voto.
El efecto de la natalidad
Tener durante muchos años una de las tasas de natalidad más bajas de Europa también ha tenido su precio electoral. De entrada, porque Euskadi perdió por esta causa alrededor de 13.000 habitantes entre 1991 y 2003. Pero tan importante como ese goteo es que la población menor de 14 años sólo supone el 12,3%, frente a la media española del 14,5. Como los fenómenos demográficos tienen efectos prácticamente irreversibles, un porcentaje tan bajo hace imposible que los electores que fallezcan sean reemplazados a corto y medio plazo por jóvenes que llegan a los 18 años.
La situación, sin embargo, no es homogénea en el interior del País Vasco. Álava ha visto cómo su número de electores crecía de forma ininterrumpida hasta estancarse en los últimos años en torno a los 247.000, incluidos los residentes en el extranjero. En Guipúzcoa se produce ya una pérdida notable desde comienzos de la década, y es en Vizcaya donde se puede hablar de una auténtica hemorragia: 17.600 electores menos desde el año 2004, que serían casi 19.000 si se dejara a un lado a quienes tienen residencia fuera de España. Es como si los municipios de Bermeo y Mundaka, con todos sus habitantes, hubiesen sido borrados del mapa en estos tres años.
La emigración y el crecimiento vegetativo -decrecimiento en sentido estricto- conducen a un vaticinio seguro: cada vez habrá menos electores en Euskadi. Sólo podría cambiar esa tendencia una masiva nacionalización de los inmigrantes, algo que parece poco probable. Pero incluso si se diera esa condición casi inimaginable, tendrían ventaja las comunidades autónomas más pujantes, porque reciben muchos más extranjeros.