Las comunidades autónomas del noroeste de España pierden población y electores, con una excepción: Cantabria. Y en buena parte se debe a los inmigrantes que llegan de Euskadi. Los datos lo explican con claridad: el número de residentes en Cantabria nacidos en Vizcaya ha pasado en la última década de 10.561 a 20.870. La razón principal (aunque desde luego no la única) de ese trasvase de electores es fácil de identificar: el precio de la vivienda. Cada vez son más los vizcaínos que se instalan en localidades como Castro Urdiales, de la misma manera que empieza a crecer el número de guipuzcoanos que por idéntica razón se trasladan a Hendaya y sus alrededores, aunque todavía las cifras son muy inferiores.
La carestía de la vivienda, que también empieza a expulsar a miles de madrileños hacia Guadalajara y Toledo, se refleja igualmente en un crecimiento del número de vizcaínos que se han ido a la provincia de Burgos, sobre todo a la zona del valle de Mena. En cambio, todavía son pocos los alaveses que trasladan su residencia hacia Burgos y La Rioja.
La lectura del fenómeno en términos electorales es clara: hay vascos que, sentimientos de identidad aparte, dejan de serlo a la hora del voto.