Domingo, 15 de abril de 2007
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VIZCAYA

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Uno de cada tres euros invertidos en obras en Bilbao se gasta en aceras y tuberías
El material, la excavación y las vaguadas encarecen la renovación de un servicio esencial cuyas zanjas molestan al vecino
Cuando el Ayuntamiento de Bilbao anuncia su plan de obras en un barrio llama la atención que un trabajo aparentemente tan simple como cambiar baldosas o tuberías se lleve la mayor parte de la inversión en el tajo. Casi medio millón de euros gastados en la ampliación de las aceras en la calle Múgica y Butrón (Uribarri) dan una idea del alcance económico de este tipo de reformas. Las redes de saneamiento tampoco se quedan cortas. El Consistorio dedicó 596.000 euros a la renovación del alcantarillado en Urazurrutia, mientras que en Buenos Aires (Abando) el gasto ascendió a 1,2 millones. Cifras de este pelaje, invertidas el año pasado, confirman que se trata de las obras más costosas de todas aquellas que se pagan con dinero de las arcas municipales.

En números globales, uno de cada tres euros gastados por el Ayuntamiento de Bilbao en obras en este mandato va a parar a tubos y aceras. Y eso es mucho porque ha invertido 100 millones en la mejora urbanística de los barrios durante los años 2004, 2005 y 2006, a razón de unos 33 millones por cada ejercicio. En este dinero hay tres conceptos incluidos. La asignación anual que recibe cada uno de los ocho distritos -1,5 millones-, más el presupuesto en proyectos estratégicos y los fondos para trabajos imprevistos, por ejemplo, los dichosos reventones de tuberías.

Coste variable

Hay varias razones que explican por qué suben tanto estas obras, según la concejalía que gestiona José Luis Sabas. Por un lado está el material, cuyo coste varía en función de sus acabados y composición. La típica 'baldosa bilbao' cuesta 93 euros el metro cuadrado. Pero el piso de granito de diseño que se coloca en zonas señeras como la Gran Vía vale hasta tres veces más.

Con las tuberías pasa lo mismo, con el agravante económico de que a veces es necesario picar zanja. A mayor profundidad, mayor coste, porque hay que reforzar el socavón y usar conductos más resistentes.

La organización también es vital y eso no se paga con dinero. Antes de nada, tiene que haber coordinación entre los operadores públicos y privados del subsuelo para no abrir dos veces la misma acera, algo que desquicia a cualquiera. Por eso, el Ayuntamiento les tiene que informar con tiempo. Cuando se abre una zanja, bien porque estaba previsto o porque ha reventado algo, acuden todos. Si no hay redes privadas, el Consistorio aprovecha el 'viaje' y crea los conductos para que las instalen en el futuro sin tener que picar otra vez.

Otros dos factores influyen en el coste de la obra: el acceso y el terreno. Si no hay carreteras, caso de algunos barrios altos, no pueden entrar hormigoneras ni maquinaria pesada. En su lugar, hay que tirar de pico y pala, hacer masa en la calle y agachar los riñones. Hasta formar una cadena para pasarse los baldes de agua. Esta estampa, que ha sido una realidad en Masustegui -a la sombra del Monte Caramelo-, retrasa el trabajo y, por tanto, lo encarece.

Y en Bilbao, como tantas vaguadas, hay que poner refuerzos en las zanjas. El suelo es poco firme y es necesario andar con pies de plomo cada vez que se mete la pala.

 
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