Domingo, 15 de abril de 2007
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VIZCAYA

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La cantera de la Pasión
Más de 300 niños recrean el Vía Crucis de Balmaseda y cogen tablas para dar el relevo a los mayores
La cantera de la Pasión
ENTREGADOS. Los pequeños recrearon la Pasión con la misma emoción que los adultos. / P. URRESTI
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Suenan los tambores en el casco histórico de Balmaseda. Se oyen pasos, gritos y mucho alboroto en una villa volcada con la Semana Santa. Han transcurrido ocho días desde la famosa Pasión Viviente y, ahora, el pueblo vuelve a echarse a sus adoquinadas calles. Es un día igual de emotivo para la mayoría de los lugareños, por mucho que esta tradición no sea conocida más allá de las fronteras vizcaínas ni atraiga a miles de turistas. Es el turno del Vía Crucis infantil. Más de 300 niños -todos menores de 14 años- emularon ayer y el viernes a sus mayores para interpretar los últimos momentos de Cristo. Son la cantera, los balmasedanos encargados de mantener viva la llama de una arraigada costumbre.

Tiene sólo 12 años y es el foco de atención de la Pasión 'txiki'. Eritz Madariaga se metió durante dos días en la piel de Jesús, el papel más codiciado a orillas del Cadagua. «Se le ve serio. Está muy centrado», comenta un grupo de jubilados mientras la comitiva tomaba rumbo ayer hacia la travesía Correría. El protagonista se muestra como mandan los cánones. Está delgado, descalzo y porta un inmaculado traje blanco. Su cara ensangrentada por las simuladas cicatrices y una barba pintada pronto empezarán a impregnarse del frío sudor fruto de un esfuerzo descomunal.

Eritz no sólo está acompañado por su larga melena. Dos ladrones interpretados por Jonathan Garai y Aitor Luja cargan también con sendas cruces, mientras la Magdalena -Cristina Pereda- llora desconsolada a escasos metros. «Lo están haciendo de cine, lo viven igual o más que nosotros», cuenta Mari Carmen Hernández, a quien se le cae la baba con la milicia de romanos donde estaban los más pequeños: los niños de 2 años. Sus progenitores les siguen de cerca cámara en mano, y eso que «se portan muy bien», según relata Unai Cid, uno de los organizadores.

Esta Pasión en miniatura es casi calcada a la de los padres. Cristo sufre la tortura de la flagelación y de la corona de espinas, para terminar con la crucifixión en la calle de La Torre. Solamente se libra de la escena de 'La oración del huerto' y, como medida de gracia, él y todo su séquito ven también cómo a las dos horas de actuación hacen un alto en el camino para tomar aire. Ni la Virgen María, Aula Fer-nández, se resistió al descanso.

Pintxos y refrescos

En la plaza San Juan les esperaba un tentempié a base de pintxos de tortilla de patata, galletas y refrescos. Quedaba enfilar la recta final del Vía Crucis. «Lo más difícil ya está hecho y la suerte es que no ha llovido», se congratulaban la veintena de jóvenes ayudantes, que hoy tienen un nuevo reto con la cita para los adolescentes. Es el acontecimiento reservado a los aprendices que tienen entre 14 y 18 años. Como los más pequeños de la casa, surcarán las arterias principales de la localidad. Son 150, la mitad que sus predecesores, y participan en la procesión de Santo Domingo.

 
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