El director de Vialidad, Javier Orduna, pide comprensión cuando se abre un tajo: «Hay obras más agradecidas que otras. Por ejemplo, el alumbrado. La renovación es rápida y apenas se molesta a la gente. Cuando está hecho, todo cambia. Literalmente, se hace la luz. Luego están las obras en la red de aguas. Su impacto es alto, pero la gente no percibe que son muy importantes. Trabajamos bajo tierra y, no hay que olvidarlo, en espacios públicos. Mientras se hace la obra hay que facilitar la vida al vecindario, los accesos a viviendas y comercios, el paso sobre las zanjas... No me parece mal que se sigan las obras con interés, pero algunos vecinos se permiten dar órdenes a los operarios».