La imagen de Bilbao está bien representada con el puente de San Antón y el Guggenheim, pero hay otra a ras de suelo, mucho más cotidiana y urbana: la baldosa gris, conocida como 'baldosa Bilbao'. Pese a ser un emblema de la ciudad, su origen no está del todo claro. Estas son algunas teorías sobre su nacimiento.
Tito Aceves es el subdirector de Infraestructuras y Mantenimiento del Ayuntamiento y ha buceado en la historia de la acera. Según su tesis, el Consistorio, fabricó la primera baldosa entre los años cuarenta y cincuenta, cuando tenía taller propio.
Antes las aceras eran de asfalto fundido, de una capa de unos dos centímetros. Los más veteranos se acordarán de aquellos bultos, como globos de chicle, que se formaban con el calor. Por eso los operarios repasaban el suelo con una rasqueta y brea, sacada de sus calderas de leña.
De hormigón con hierro
La sustituta fue la famosa baldosa, fabricada en hormigón y arena gruesa. «Es muy práctica» porque el peatón siempre pisa en seco gracias a unos surcos que desaguan la lluvia. En esa época, el Ayuntamiento las creaba y colocaba. Ahora la tarea recae en una empresa contratada por concurso. Fhimasa gestiona hoy el servicio y, a su vez, encomienda los lotes a fabricantes privados.
Hay varios, dentro y fuera de Vizcaya. Uno de ellos, Almacenes Robredo, se anuncia en Internet como «el taller donde vieron la luz las primeras baldosas tipo Bilbao». «Yo creo que, tras la Guerra Civil, el Ayuntamiento convocó un concurso para elegir el diseño. Y luego nos encargó a nosotros los primeros lotes», explica Patxi Robredo, nieto de Darío Robredo, fundador de la empresa entonces llamada La Moderna.
En esa prensa hidráulica se fabricaron toneladas de piezas que, sin quererlo, fueron las primeras embajadoras de Bilbao. La mitad se exportaba, especialmente a Sudamérica y Guinea Ecuatorial, colonia española hasta 1968. El taller le dio dos toques: Por la cara interna acuñaba el nombre de 'La Moderna' y por la de pisar, óxido.
Esa es la principal seña de identidad, según Elías Mas, último arquitecto municipal. La baldosa no destaca por su diseño ni por ser exclusiva, puesto que también se da en Barcelona. Su característica única es la composición de las primeras remesas, ya casi desaparecidas de las calles, que estaban salpicadas de viruta de hierro para no resbalar. Para Mas, hay otra clave del éxito: «Si la baldosa ha adquirido notoriedad, es porque es buen invento».