Los hombres mirandeses cada vez se preocupan más por su imagen. Eso es al menos lo que se desprende del número de clientes de los centros de estética de la ciudad, que han visto cómo la afluencia del género masculino se ha duplicado en los últimos cinco años.
El perfil más habitual del cliente es un joven entre los 20 y 35 años que acude una vez al mes al salón para realizarse, sobre todo, una depilación muy completa de su cuerpo, que por lo general implica pecho, espalda, piernas y axilas. El motivo que les lleva a eliminar su vello es muy variado, desde la practicidad para aquellos que son deportistas y habituales de gimnasios, a la higiene de los que trabajan a altas temperaturas o por una mera cuestión de estética.
«El hombre de pelo en pecho ya no se lleva y cada vez se cuidan mucho más. Les preocupan los resultados de lo que se hacen, estar bien y de hecho el número de clientes aumenta año tras año», señala Asunción Velasco, de Azalea.
Pero al contrario que las mujeres, ellos no escatiman a la hora de gastar dinero, lo que motiva que prueben técnicas novedosas y más caras, como la fotodepilación. Y es que, aseguran, ellos son mucho más prácticos.
«La fotodepilación está casi acaparada por los hombres. No quieren venir todos los meses a sufrir con la cera y al final si saben que en seis sesiones van a acabar con el 90% de su vello, no se lo piensan. La mujer está más pendiente de la economía doméstica, el hombre no», señala Núria del Diego, especialista de Ada.
Al margen de la depilación, los hombres siguen numerosos tratamientos de belleza. Tanto es así, que los centros de la ciudad han empezado a especializarse en cuidados exclusivos para los hombres, completamente diferentes de los que reciben las mujeres. De esta forma, se tienen en cuenta las características del cliente, se analizan sus necesidades y se les ofrecen tratamientos adecuados. En este sentido, cabe destacar los faciales, mediante los que se eliminan las zonas muertas, las arrugas o se realiza oxigenación.
Además, para aquellos que trabajan de cara al público, también se realizan con frecuencia manicuras y, poco a poco, los grandes olvidados, los pies, también empiezan a atraer a más jóvenes.
A la hora de darse cremas, los hombres prefieren i a los centros, cogiendo habitualmente de contorno de ojos, antiarrugas o mascarillas. «Ellos se dejan aconsejar más por las especialistas y se fían. Nunca se llevan reductores, pero sí alguna crema para después del afeitado. El resto, se las aplicamos nosotras porque no pierden el tiempo en casa en estas cosas», comentan en Ada.