Lunes, 16 de abril de 2007
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VIZCAYA

CARLOS RIBA
«Las cocinas de carbón a escala se hacían por encargo»
Este cocinero expone en su restaurante de Bilbao hasta una decena de miniaturas de principios del s. XX
«Las cocinas de carbón a escala se hacían por encargo»
RODEADO. Riba posa con su colección en el restaurante que tiene en Bilbao. / FERNANDO GÓMEZ
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C Lo que colecciona Carlos Riba tiene más años que él. Son piezas que se pusieron de moda a principios del siglo pasado y se convirtieron en elementos indispensables en los años cincuenta: las cocinas de leña y carbón. Sí, las mismas que usaban todas nuestras abuelas y que hoy por hoy son casi un objeto de decoración en las casas de los pueblos.

Aunque este catalán afincado en Bilbao no colecciona las auténticas, sino «réplicas a escala». «Son piezas que se hacían por encargo, para enseñarles a los clientes cómo eran y qué características tenían», asegura. Es decir, que son ejemplares únicos que «hacían las veces de catálogos».

En su haber no tiene más de una decena, que aunque parezcan pocas, son un número nada desdeñable. Y es que encontrar estas miniaturas no es tarea sencilla. El barcelonés lo sabe bien. La primera que consiguió fue casi «por casualidad» en los últimos minutos de una feria de desembalaje. «Ya me marchaba cuando la vi en el suelo. Apenas regateé con su dueño y me la dejó en 18.000 pesetas», recuerda con orgullo. De hecho, la pieza es una joya a la que no le falta detalle y el ojito derecho del coleccionista. A tal punto llega su adoración, que la tiene expuesta en su restaurante.

«Colección de tiempo»

Porque Riba es cocinero. Y su interés por estos objetos, arrinconados hoy por el gas y las vitrocerámicas, tiene mucho que ver con su profesión. A sus 40 años, ha compartido fogones con Santi Santamaría, el chef catalán que hace unas semanas defendió la cocina tradicional frente a la innovación que predican otros colegas de reconocido prestigio, como Ferrán Adriá o Sergi Arola. «No sé si todavía los conservará, pero cuando yo le conocí, tenía unos estantes en su local donde exponía pequeños cocineros de loza», rememora.

Tras fijarse en estas figuras, nuestro coleccionista se animó a compilar objetos relacionados con su trabajo. Pero que fueran «distintos» a lo que ya había visto. Entonces, descubrió las cocinas de carbón en miniatura. «En realidad, tengo una colección de tiempo», advierte. O lo que es lo mismo, de paciencia. No siempre se encuentran piezas interesantes... o simplemente, no siempre se encuentran piezas. «Cuando voy de vacaciones, siempre entro en las tiendas de anticuarios a preguntar, por si acaso», revela. Aunque sabe que, de momento, no son objetos de interés para finos paladares. Es más sencillo encontrarlos en ferias de almonedas, donde apenas llaman la atención.

«El mes que viene se celebra una», adelanta el restaurador, que ya tiene reservadas dos piezas: una cocina - «que seguramente me quedaré»- y un sifón... Porque Riba también colecciona estos artículos. «Tendré unos sesenta, algunos de dos bolas, que ya no existen», confiesa.

 
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