El papel es fiel testigo de la historia de Vizcaya, a menudo más frágil cuanto más valioso. El Archivo foral y la Biblioteca almacenan miles de documentos enfermos que padecen acidez, el proceso de degradación más temido por los restauradores. Para evitar que se pierdan, la Diputación los someterá a tratamiento en una planta especializada que se convertirá en la primera de España y la quinta de Europa, siguiendo el modelo de Holanda, Alemania, Suiza y Polonia.
La acidez, conocida como el 'cáncer del papel' por su capacidad destructiva, es un viejo problema para el que se buscan soluciones de vanguardia. «Los tratamientos empezaron en los años cincuenta, pero al principio se hacían hoja a hoja», explica Luis Alberto Hernández, restaurador del Archivo foral. En la década de los 90, Alemania y Estados Unidos empezaron a desarrollar técnicas masivas -sin necesidad de desencuadernar los libros- que garantizan la supervivencia de toneladas de documentos.
En Vizcaya se hizo una primera cura con el Archivo Histórico de Bilbao, que permitió salvar legajos que se daban por perdidos tras las inundaciones. También se recuperó el Corregimiento, un fondo judicial muy demandado por los investigadores. En total, entre 2001 y 2005 se trataron 30.000 kilos de papel en una máquina de una empresa especializada.
Un ciclo de tres horas
La segunda fase del proceso, que comenzará en otoño, pretende curar las heridas de 17.500 kilos de documentos procedentes de 87 archivos municipales. Uno junto a otro, ocuparían 1.329 metros lineales en una estantería. El tratamiento se aplicará también a la hemeroteca histórica de la Biblioteca foral, ya que el papel de periódico, de baja calidad, es especialmente sensible a los estragos de la acidez. Los diarios, que abarcan desde 1800 hasta 1979, suman 7.500 volúmenes y pesan 15.000 kilos.
La Diputación ha convocado un concurso público para llevar a cabo una «desacidificación masiva» de estos fondos durante dos años. El presupuesto es de 360.000 euros para los archivos municipales y otro tanto para la hemeroteca. El Departamento de Cultura quiere aplicar un tratamiento «más completo» que en la primera fase. En lugar de una máquina, la empresa adjudicataria deberá instalar toda una planta en Vizcaya mientras dure el contrato, prorrogable por otros dos años.
«Una de las exigencias del concurso es que los documentos no salgan del territorio histórico», afirma la diputada de Cultura, Belén Greaves. La firma elegida «deberá decidir la ubicación de la planta», que ocupará entre 500 y 600 metros cuadrados. En todo el mundo sólo funcionan diez instalaciones de este tipo. Dos en Estados Unidos y el resto en Canadá, Japón, Australia, Rusia y las cuatro de la Unión Europea. La Biblioteca Nacional portuguesa, por ejemplo, «manda 3.000 kilos de papel a Holanda cada año en camiones», dice el restaurador.
Los expertos suelen tomar como referencia el sistema de la Biblioteca del Congreso de Washington. En este tipo de instalaciones, el tratamiento dura unas tres horas. Los fondos enfermos se introducen en un bombo -hay uno para documentos sueltos y otro para libros encuadernados- y se sumergen en un baño de micropartículas de óxido de magnesio.
Mediante «un proceso de rotación muy suave», el papel recupera su consistencia y queda protegido. Es su garantía de supervivencia, el paso previo a cualquier trabajo de restauración. «Para mí es un lujo tocar papel de 1425», concluye Hernández. «Quiero que a finales del siglo XXI la gente pueda seguir tocando ese papel y que dentro de 500 años se puedan leer los documentos del siglo XX».