Martes, 17 de abril de 2007
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VIZCAYA

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El entierro
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DE CUANDO EN CUANDO OLMO El título de mi comentario no tiene nada de fúnebre, porque es tan solo el nombre de un timo. El timo se define en el diccionario de la RAE como «engañar a alguien con promesas o esperanzas» y yo creo que no está perfectamente definido. Porque una cosa es dar a alguien falsas promesas o esperanzas, y otra contarle un cuento absurdo y conseguir que se lo crea, que es lo que hacen los timadores de ayer, de hoy y de siempre.

He escrito lo que antecede, porque de acuerdo con mis experiencias de hemeroteca y de lector de periodicos, observo que los timadores funcionaban antaño, funcionan hogaño y calculo que seguirán funcionando siempre. Esto es así porque basan su actividad en la ambición de sus víctimas que, obnubiladas por la posibilidad de conseguir un negocio redondo, no se fijan en los detalles del negocio y son capaces de tragarse el cebo, el anzuelo y hasta la caña.

Recientemente les daba cuenta del timo que le habían dado estos días a un negociante con el cuento de los billetes de banco pintados de negro. Con ello le habían 'soplado' siete mil euros a cambio de un montón de papeles pintados de negro. Y ya ven lo que son las cosas, estos timos tan absurdos ya se daban hace más de un siglo y como prueba les contaré el timo del entierro.

Un cartero apellidado Santos y un médico llamado Galán fueron detenidos en Barcelona el año 1895 por haber timado a un comerciante francés una sustanciosa cantidad de dinero. No se cita la cantía, pero debió ser importante porque a cambio le ofrecían el plano de un lugar donde cierto jefe revolucionario había enterrado un millón de reales.

Lo del millón encandiló al francés de tal forma que no pensó en lo absurdo de la trama, ya que si en realidad aquellos dos tipos conocían el lugar del 'entierro', ¿por qué vender el millón a precio de liquidación pudiendo quedarse con todo? Pero la codicia, por lo visto, ciega a la víctima y en este caso la cegó. Pagó el precio, buscó el tesoro y se encontró con alguna bolsa de pedruscos. ¿Toma tesoro!.

El lema de los timadores se ve que es eficaz y que no se devalúa con el transcurso del tiempo: «Todos los días sale de su casa un tonto. La única dificultad es encontrarlo».

 
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