Hay atascos que dan para una crónica y otros que hacen historia. El de ayer se recordará como el día más largo en las carreteras vizcaínas, con caravanas de casi 20 kilómetros en la A-8 que contagiaron el caos a las rutas alternativas. En el tramo más crítico, entre Basauri y Bilbao, el colapso duró todo el día. Los responsables de la gestión del tráfico se vieron incapaces de contener la marea de coches que se topó con las obras de la pasarela de Basurto en plena hora punta, cuando más de 150.000 vehículos tratan de entrar en la ciudad.
La jornada empezó mal. A las seis menos cuarto de la mañana, mientras el jefe de la unidad de coordinación de tráfico de la Policía Municipal, José Julio Zaramillo, se dirigía a su puesto de trabajo, ya había retenciones en la A-8. Los trabajos de colocación de una nueva pieza en la pasarela se habían complicado y, con ellos, la rutina de decenas de miles de personas. Las obras ocupaban la mayor parte de la calzada a la altura de Bentazarra y sólo dejaban libre un carril en cada sentido.
La Policía Municipal desplegó a 75 agentes para ordenar el tráfico con cortes intermitentes e informar a los conductores. Las calles de la ciudad empezaron a respirar a partir de las once y media, pero en la autopista los problemas continuaron durante todo el día. A las seis de la tarde, el tráfico seguía parado desde antes de los túneles de Malmasin hasta Sabino Arana en dirección Cantabria, según informó el Departamento de Interior. A medida que los ciudadanos se ponían al volante para regresar a casa después del trabajo, las retenciones se extendieron a otras vías como el Txorierri, Santo Domingo y la conexión con la AP-68. Al cúmulo de desgracias se sumó, sobre las nueve de la noche, el vuelco de un tráiler que cortó el acceso a Bilbao por Atxuri.
A algunos les tocó revivir, aunque con menor intensidad, la desesperación de la mañana, cuando la red principal mostró todas sus limitaciones. Interior activó los paneles de señalización variable de Berriz, Barakaldo, Altube, Arrankudiaga y La Avanzada para sugerir rutas alternativas. La mejor vía de escape era el corredor del Txorierri, pero acabó convirtiéndose en otra trampa. Para las ocho, la autovía estaba colapsada en sentido Bilbao. Las caravanas habían tomado el puente de Rontegi, Kukularra, La Avanzada. El anillo de carreteras del Bilbao metropolitano, la gran apuesta de la Diputación para desahogar el tráfico, se cerraba como un cepo.
Cierre intermitente
El tercer frente se abrió en Arrigorriaga con una colisión múltiple ocurrida a las 8.15 horas, que obligó a cortar totalmente la autopista en dirección Bilbao y a desviar el tráfico por la BI-625. Interior desplegó a una decena de patrullas de agentes motorizados y alertó a los centros de control de tráfico de Valladolid y Burdeos para prevenir a los viajeros de largo recorrido.
A los más próximos sólo les quedaba resignarse. En los momentos más críticos de la mañana, el atasco llegaba hasta Gallarta en dirección San Sebastián (19 kilómetros) y hasta Galdakao (10 kilómetros) en sentido Cantabria. Los problemas se extendieron a los accesos por Santo Domingo. A partir de las once se fueron abriendo carriles -en Bentazarra se permitió circular por el arcén-, y algunos tramos se despejaron, pero la circulación seguía atenazada desde Basauri hasta Bilbao. Los túneles de Malmasin tuvieron que cerrarse de forma intermitente para evitar la acumulación de humos.
Por la tarde sólo permanecía cortado un carril en el tramo de la pasarela, y eso fue suficiente para mantener el tapón. Las carreteras vizcaínas volvieron a demostrar así su fragilidad a pesar de las cuantiosas inversiones que absorbe el asfalto. La A-8 «está en fase terminal», en palabras del diputado de Obras Públicas, Eusebio Melero, y quizá su único remedio sea la 'Supersur', que supondrá la mayor inversión en la historia de la Diputación. Pero ayer era un día para el escepticismo. La institución foral eludió hacer valoraciones sobre el monumental atasco y recordó que la gestión del tráfico es competencia del Departamento de Interior.