Las carreteras son un terreno resbaladizo para los responsables políticos. La construcción de nuevos viales supone un activo para cualquier gobernante, una inversión que suele resultar rentable al hacer balance de su gestión. Pero cuando las obras públicas quedan ocultas tras un monumental atasco o un fallo de seguridad, la indignación ciudadana se desborda y lleva a exigir responsabilidades. En esta legislatura ha habido dos casos especialmente graves, la 'crisis de los quitanieves' y el atropello de Basurto.
El 'hielo negro' se llevó por delante al director de Carreteras de la Diputación, Jon Legarreta. El 23 de febrero de 2005, miles de conductores quedaron atrapados en un atasco provocado por la meteorología adversa y la «ineficacia en la gestión», según reconoció el diputado general. Tres quitanieves se averiaron y ni siquiera había un responsable en el centro de tráfico de Malmasin. Legarreta fue destituido, dos funcionarios cambiaron de destino y a la empresa de conservación de carreteras se le impuso una multa de 150.000 euros. Meses después, fue sustituida.
La muerte de dos niños atropellados en un paso de cebra en Basurto puso en evidencia de forma dramática a las instituciones en enero de 2006. Pronto se supo que los vecinos llevaban años pidiendo un semáforo y se empezaron a pedir dimisiones. El diputado de Obras Públicas, Eusebio Melero -que antes presidió el consejo de distrito de Basurto- y la concejala de Circulación, Ibone Bengoetxea, se mantuvieron en su puesto, pero la crisis ha dejado huella. Desde entonces se ha dado un nuevo impulso a la mejora de la seguridad vial, un tema especialmente sensible.