Miércoles, 25 de abril de 2007
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El peor trago
Moisés Sánchez, uno de los estibadores rescatados el lunes tras el hundimiento de una gabarra en el Puerto de Bilbao, se recupera en casa del susto
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Pasó lo peor. Cinco de los seis estibadores rescatados anteayer en el Puerto de Bilbao tras el hundimiento de una gabarra se recuperan de sus lesiones en casa. El otro trabajador evoluciona favorablemente en el hospital. La zozobra, no obstante, permanece en el recuerdo de todos ellos. Y es que la que se preveía como una tarde normal de trabajo pudo acabar en tragedia. «Nunca he pasado nada igual. Pensé que no saldría del agua», reconoce angustiado aún Moisés Sánchez, un operario de 28 años que se vio implicado en el accidente.

Todo comenzó a las cinco y cuarto de la tarde, cuando la jornada estaba a punto de concluir para los seis trabajadores. En ese momento descargaban bobinas de acero de 22 toneladas de peso en el muelle Nemar-2, ubicado en la zona interior del puerto. Una tarea habitual para los estibadores. Sin embargo, algo falló. Uno de los cilindros metálicos, sin cuña de sujeción según los operarios, rodó sin control de un extremo a otro de la barcaza. «No nos arrolló de milagro, pero desequilibró por completo el peso de la gabarra y la llevó a pique», asegura Moisés, quien no duda en definir aquellos breves instantes como «el peor trago» de su vida.

«A cámara lenta»

La barcaza, ladeada, no tardó en hundirse y el agua succionó a los estibadores. Moisés quedó desorientado a unos quince metros de profundidad. «No veía nada ni sabía por dónde salir», relata. Consciente, llegó incluso a «perder la esperanza» y a «darlo todo por perdido». La fortuna, sin embargo, estaba de su lado. «Fue entonces cuando percibí la estructura de la gabarra. Decidí seguirla buceando hasta que vi la luz de la superficie y pude salir a nado», recuerda. Todo ocurrió «muy rápido», aunque se grabó en su memoria «a cámara lenta».

Ya había pasado el trance más duro para el joven santurtziarra, pero no todos sus compañeros estaban todavía a salvo. Uno de los estibadores intentaba seguir a flote y otro permanecía aún bajo el agua, con el pie atascado entre los restos de la barcaza. Según confesó una vez en tierra, «tuvo que desatarse la bota para poder salir». Las unidades de rescate no tardaron en llegar y fueron evacuando uno por uno a todos los afectados. El miedo fue cediendo el protagonismo a los nervios, aunque Moisés se mantuvo en alerta los «diez minutos» que tuvo que permanecer flotando en el mar.

Superar el miedo

Después llegó el momento de recapacitar sobre lo ocurrido y de empezar a sentir las dolencias. Tras un breve reconocimiento en el propio puerto, las víctimas fueron trasladadas a diferentes hospitales. A Moisés le tocó pasar parte de la noche en el centro San Eloy de Barakaldo. «Me hicieron varias placas y me mantuvieron en observación algunas horas», señala. Desde ayer se recupera en casa. Mantiene hinchado un brazo y sufre diversas contusiones. «Estoy como si me hubieran dado una paliza», describe.

El joven necesitará algunos días de reposo, aunque está dispuesto a regresar a su puesto de trabajo -en el que acumula ya seis años de experiencia-, «cuanto antes». «La verdad es que tengo algo de miedo a volver después de lo que ha ocurrido, pero sé que debo hacerle frente para superarlo», concluye Moisés.

 
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