Las grandes compañías industriales o de servicios son muy importantes. Que su control permanezca en la 'periferia' frente a la configuración de un poder económico «centralista» también lo es. Y la vía para conseguirlo, cuando las fuerzas flaquean, es una alianza de intereses.Éste es, en síntesis, el mensaje que lanzó ayer el presidente del PNV, Josu Jon Imaz, en el transcurso de una conferencia que pronunció en Barcelona. El líder nacionalista propuso diseñar una estrategia de cooperación económica entre Euskadi y Cataluña, que tendría entre sus objetivos la creación de «sólidas» corporaciones empresariales, con dimensión suficiente para competir en un ámbito global, y también el mantenimiento de la influencia 'regional' en el accionariado de los principales grupos económicos.
Imaz trasladó recientemente esta reflexión, en un encuentro privado celebrado en San Sebastián, al presidente de la Generalitat, José Montilla, en un intento de buscar el respaldo político catalán a actuaciones en ese sentido que, por el momento, no han sido desveladas.
Grandes corporaciones
El líder del PNV se mostró decidido a trabajar para «recuperar una presencia vasca activa en las grandes corporaciones», un objetivo en ea que enmarcó la propuesta de fusión de las cajas de ahorros de Euskadi. El País Vasco ha sufrido en las últimas décadas un lento pero imparable éxodo de los centros de decisión de compañías claves en sectores estratégicos y una pérdida de influencia en su accionariado. En ese contexto, cree que una alianza vasco-catalana puede resultar decisiva. «Tienen toda la lógica del mundo las alianzas empresariales -señaló ayer ante directivos y políticos catalanes, en el Foro de la Nueva Economía- y por ello hay también un horizonte de oportunidad entre culturas económicas, políticas y sociales que sienten simpatía mutua, como las representadas por Cataluña y Euskadi».
Iberdrola es una fiel imagen de esa estrategia que Imaz enunció. Él mismo no ha dudado en viajar a Escocia recientemente para mantener contactos políticos y apoyar a la compañía vasca en su operación de compra de Scottish Power, al tiempo que el impulso político está claramente detrás de la presencia de la BBK en el capital social de la empresa. También son evidentes los temores a un mayor alejamiento de la eléctrica del País Vasco como consecuencia de los cambios accionariales que pueden producirse en el futuro, las alianzas y también la falta de fuelle financiero de la BBK, ya que la caja tiene enormes limitaciones de actuación en este caso debido a la normativa de concentración de riesgos del Banco de España.
«Círculos centralistas»
Para algunos observadores, detrás del mensaje de Imaz puede intuirse la sugerencia de La Caixa y las cajas de ahorros vascas desarrollen una estrategia común, de apoyo mutuo, allí donde cada una de ellas encuentra problemas para abordar operaciones de gran dimensión. La entidad catalana ha experimentado en carne propia muy recientemente cómo una empresa en la que tiene una clara influencia, Gas Natural, era literalmente barrida de la escena en la pugna por el control de Endesa. El líder del PNV no dudó en asegurar que «las turbulencias políticas de estos años y la patrimonialización del poder económico por determinados círculos centralistas que han obstaculizado los intentos de modernización económica desde la periferia, nos deben hacer apostar con más fuerza por un interés estratégico común: crear sólidas corporaciones tecnológicas, industriales y de servicios con dimensión suficiente para competir en un ámbito global».
El dirigente nacionalista no quiso anticipar ni proponer actuaciones concretas, pero si se animó a fijar los sectores económicos en los que, a su entender, puede sustanciarse esa alianza vasco-catalana: «el energético, el aeronáutico, el ferroviario, el logístico o el financiero».