Jueves, 26 de abril de 2007
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SOCIEDAD

70 aniversario del bombardeo de gernika
¿Por qué Gernika?
El bombardeo de la villa foral por la Legión Cóndor, hace hoy 70 años, supuso un brutal paso adelante en la concepción de la guerra cuya responsabilidad Franco trató de soslayar
¿Por qué Gernika?
RUINAS. Los árboles se yerguen entre los edificios arrasados. / EL CORREO
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Vídeos y fotografías del bombardeo, así como testimonios de quienes lo sufrieron.

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«Entre cigarrillo y cigarrillo, me entretuve jugueteando con tres tubos plateados que recogí aquella noche en Gernika. ( ). Aquellas bombas procedían de la fábrica alemana RhS y estaban fechadas en 1936, según rezaba su sello. Sobre la inscripción había un sello en miniatura: el Águila Imperial con sus alas de espantapájaro extendidas». Este es parte del testimonio del corresponsal de guerra del diario 'The Times', George L. Steer. Él fue uno de los cuatro primeros periodistas extranjeros que llegaron a Gernika pocas horas después de haber sido bombardeada. Testigos de excepción, conectados al mundo exterior, que contemplaron con horror las consecuencias de un hecho deleznable y atroz.

No había sido una operación militar corriente. El grado de violencia alcanzado en Gernika se hacía inexplicable desde cualquier consideración estratégica. Más bien, todo aquello era el producto de una nueva concepción de la guerra en la que el terror sobre la población civil se erigía en un elemento de gran valor táctico para amedrentar al enemigo. Para minar su moral hasta desarmarlo psicológicamente y sembrar de culpabilidad el hecho mismo de su actividad defensiva. Como irónicamente se dijo después, el bombardeo de Gernika significó el nacimiento de la guerra moderna.

VON RICHTHOFEN

Pero, ¿por qué Gernika? ¿Estrategia militar? ¿Demostración de fuerza? ¿Significado simbólico? Posiblemente hubo de todo en su elección, aunque principalmente pesó la lógica de la guerra. Gernika era una etapa más en el avance hacia Bilbao, un enclave situado en el camino de repliegue de un desarbolado ejército vasco que se retiraba hacia las posiciones falsamente defensivas del Cinturón de Hierro. Un lugar en el que había que golpear con fuerza para acelerar una ofensiva que empezaba a durar demasiado. Efectivamente, la progresión del ejército de Mola, desde el inicio de las operaciones a finales de marzo, era muy lenta. Los 'rojo-separatistas' resistían más de lo esperado y todas las esperanzas de entrar en Bilbao de manera rápida se esfumaban.

Los principales asesores militares alemanes, el general Sperrle y el teniente coronel Von Richthofen -jefe de la Legión Cóndor, emparentado con el mítico Barón Rojo de la Primera Guerra Mundial-, no ocultaban su disgusto por el retraso. Con el inicio de la segunda fase de la ofensiva, el 20 de abril, y conocedores de la necesidad que el ejército de Mola tenía del concurso de sus aviones, ambos oficiales eran partidarios de mantener la estrategia utilizada hasta el momento. La destrucción de Durango y Ochandiano había supuesto un duro revés en la moral del enemigo, además de ser muy bien vista, independientemente de su crueldad, por el mismísimo Franco, para quien cualquier decisión era buena con tal de mantener el avance de sus tropas. Por ello, el alto mando franquista estaba de acuerdo en que había que conservar la combinación de bombardeos aéreos previos, intervención posterior de la artillería y, para culminar el proceso, poner en juego a la infantería.

Fue precisamente en esa línea estratégica en la que se encuadró el planteamiento táctico de Von Richthofen. En una reunión mantenida el 25 de abril entre él y el coronel Juan Vigón, se llegó a la conclusión de que era necesario lanzar un imponente ataque para cortar la retirada del ejército vasco a la altura de Gernika y Markina. Tras el encuentro, el propio Richthofen escribió en su diario: «Unidades preparadas para mañana». El día siguiente, 26 de abril, ambos militares volvieron a reunirse. Richthofen planificó el bombardeo de manera minuciosa. Sus objetivos eran claros: provocar terror en la población civil y asestar un golpe mortal en la retaguardia vasca. El plan era perfecto. A partir de las 4:40 de la tarde llovería fuego y destrucción sobre Gernika. Un infierno que duró más de tres horas.

INDIGNACIÓN EN EL MUNDO

El testimonio directo de Steer, al igual que el de sus otros colegas allí presentes, no dejó lugar a la duda sobre la autoría de los hechos: la destrucción de la villa vizcaína había sido obra de la aviación alemana. El efecto de sus crónicas fue determinante. Las redacciones de los principales diarios europeos se hicieron eco indignado de lo sucedido. «Asesinatos en masa del pueblo de Gernika. Se hace fuego contra las gentes cuando buscaban abrigo en los refugios», denunciaba en su primera el 'Morning Post'. El 'Daily Herald', por su parte, sin titubear lo más mínimo sobre la autoría y responsabilidad de los hechos, se preguntaba «si quedará alguien en Europa que no crea que una España fascista sería un peligro para el mundo entero». Con el mismo grado de indignación reaccionaron los periódicos franceses. 'Le Petit Parisien' señalaba directamente a los aviones alemanes como culpables del acto y afirmaba que habían estado durante tres horas y media «dedicándose a una matanza metódica de mujeres y niños». Para 'L'Humanité', aquello era un claro ejemplo de lo que se avecinaba y apuntaba de manera irónica que ese «era el respeto que proclama Franco para los católicos, esa es la defensa de la religión. Gernika, pueblo católico por excelencia, ha dejado de existir víctima de los modernos Atilas».

Lo cierto es que el impacto del bombardeo fue tan brutal que las reacciones que provocó fueron más allá de las meramente periodísticas. El grupo laborista británico votó una moción para ser presentada en la Cámara de los Comunes en la que se calificaba lo sucedido en Gernika como un auténtico crimen de lesa humanidad y se le exigía al Gobierno de Su Majestad que protestara enérgicamente por medio de la Sociedad de Naciones.

¿Y FRANCO?

Evidentemente, habían sido los alemanes, pero ¿qué responsabilidad se podía achacar al alto mando rebelde y, más en concreto, al Gobierno de Salamanca liderado por Franco? La autoría de los hechos y la complacencia oficial ante los mismos fue, desde el día después del bombardeo, algo tan evidente que se hacía casi imposible equivocarse sobre ello. Sin embargo, todas las acusaciones fueron rechazadas de plano por el Ejecutivo de Salamanca.

En una de las mayores muestras de cinismo e infamia, la noche siguiente al bombardeo Radio Salamanca afirmó oficialmente que Gernika había sido destruida por los rojos. Es decir, dos días antes de que las tropas franquistas entraran en Gernika, ellos ya sabían perfectamente a quién correspondía la autoría de los hechos. ¿Cómo podían tener conocimiento de ello si aún no habían pisado las calles de la villa foral? Obviamente, poco les importaba la torpeza. Tampoco presentaron pruebas porque, simplemente, no las tenían. Posteriormente, y como si de un juego del absurdo se tratase, se emitió un comunicado en el que se afirmaba que el día 27 de abril, y debido al mal tiempo, no se había producido ningún despegue de la base aérea de Vitoria, centro neurálgico de la aviación alemana. Es más, se invitó a diversos periodistas extranjeros para que revisaran ellos mismos los libros de registro de vuelos. Evidentemente, ese día no voló avión alguno, pero, ¿por qué se dieron datos de otra fecha cuando todos sabían que el bombardeo se había producido el 26? Era inconcebible, y poco inteligente, semejante argucia. Así que, ante el ridículo de la maniobra argumentativa, la versión oficial franquista se redujo a la acusación directa sobre los rojos. Ellos había dinamitado Gernika y, tras rociarla de gasolina, la habían prendido fuego para facilitar la retirada del ejército vasco. Era otra afirmación esperpéntica, porque ¿qué ejército destruye sus principales vías de escape en la retaguardia?

Dentro de esta inconsistente línea argumental, se diseñó una variante con la que se pretendió exonerar a Franco. Gentes cercanas al general afirmaron haberle visto muy dolido por lo ocurrido y que, incluso, le oyeron exclamar: «No haré la guerra contra mi propio pueblo». No obstante, todo indica, como señala uno de los mejores biógrafos del dictador, Paul Preston, que su pensamiento y sentimientos ante el bombardeo de Gernika fueron en dirección contraria. Primero, por las actitudes demostradas frente al enemigo desde el mismísimo 18 de julio de 1936 y, en segundo lugar, por el contacto directo que existía entre él y el mando de la Legión Cóndor. De hecho, Franco felicitó de manera expresa a los dos principales oficiales alemanes, el general Sperrle y von Richthofen, por los servicios prestados. Es más que posible que toda su consternación se debiera, como afirma Preston, a la publicidad negativa y al menoscabo de su imagen que el bombardeo produjo en el exterior.

EL TRIBUNAL DE NÜREMBERG

Como no podía ser de otra forma, y pese a la inexistencia de pruebas convincentes, el Gobierno de Salamanca se encerró en su versión. No sólo eso. Se empeñaron e encubrir los hechos a toda costa. Para ello habría de mantenerse la versión oficial sin que nadie que no fueran ellos mismos acudiera a Gernika para investigar. Por ello se pidió a los pilotos de la Legión Cóndor que negaran su incursión sobre Gernika. Tal es así que, cuando el general Sperrle le pidió que hiciera lo posible para facilitar una investigación -manipulada, puesto que se habían retirado todos los restos del material usado por los alemanes- que demostrara la no participación del Gobierno alemán en los hechos, pues Inglaterra lo exigía, Franco se negó rotundamente a ello. Lo más que hizo fue emitir un telegrama en el que se admitía haber bombardeado un cruce de carreteras y el puente de Rentería. Nunca a la población. Y reiteraba que los rojos habían aprovechado aquello para prender fuego a Gernika.

El verdadero significado de semejante actitud lo explica Paul Preston de forma magistral: «El hecho de que Franco aconsejara implícitamente a Sperrle que mintiera a sus superiores sobre el bombardeo y sus consecuencias, sugiere que el ataque se planeó con la aprobación de Salamanca y sin el consentimiento de Berlín. Que Franco y Sperrle participaran en esta conspiración de silencio también sugiere que al menos existía un elevado grado de complicidad entre ambos».

Sin embargo, aunque el alto mando alemán no tuvo conocimiento directo de la operación que la Legión Cóndor ejecutó sobre la población vizcaína, los resultados de la misma llegaron a ser valorados de manera muy positiva. El propio Herman Göering afirmó ante el tribunal de Nüremberg que la guerra civil española supuso una oportunidad estupenda a la joven fuerza aérea germana. Y cuando fue interpelado por las horribles consecuencias ocasionadas sobre la población, se limitó a señalar que, lamentablemente, no se podía hacer otra cosa, ya que Gernika fue el lugar perfecto para una experiencia como aquella.

Pese a todo el cúmulo de incongruencias, inexistencia de pruebas y evidencias constatables que apuntaban en la línea contraria, Franco, por el mero hecho de haber triunfado en la guerra, mantuvo su particular versión de los hechos. Jamás aceptó responsabilidad alguna en la destrucción de Gernika. Defendió el esperpéntico argumento del cruce de carreteras y del puente de Rentería como importantes objetivos militares al mismo tiempo que culpabilizó de la destrucción de la población al propio ejército vasco. De ese modo se diseñó un auténtico manifiesto de la infamia que creció, aún más si cabe, por el significado simbólico de Gernika.

Afortunadamente, setenta años después no cabe la menor duda -como no la hubo en su día para la gran mayoría- de que el bombardeo de Gernika fue responsabilidad del alto mando franquista. Bien por iniciativa directa, bien porque lo toleró y lo ocultó a pesar de todas las evidencias en su contra.

 
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