Jueves, 26 de abril de 2007
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No hace falta estar con ellos hasta el final
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Las primeras horas de la mañana suelen ser un caos, que contribuye a que el desayuno lleve la misma tónica. El tiempo antes de salir de casa siempre parece que escasea. El reloj corre más deprisa de lo habitual y hay que ducharse, mover a los críos, preparar el desayuno mientras se les apremia, que no se despisten con nada, y salir con tiempo para sufrir el atasco o coger el tren que nos acerca al trabajo. Demasiado.

Aún así, debe hacerse un esfuerzo por compartir con ellos el desayuno porque, según recuerda Javier Aranceta, puede ser una de las pocas comidas, si no la única del día, que se compartan con ellos y en las que pueda transmitírseles la importancia de una dieta sana.

«Quizá no haga falta estar con ellos hasta el final», dice el experto. Los chicos pueden comprender con facilidad que uno tiene que marcharse, pero es importante que se les dedique ese tiempo. Las ventajas no son sólo para ellos. Está demostrado que el riesgo de accidentes laborales aumenta con un desayuno inadecuado.

 
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