Empresarios vascos han recibido esta misma semana cartas de extorsión de ETA en las que la organización terrorista les exige entre 180.000 y 300.000 euros, una cantidad sensiblemente mayor de la que venía reclamando hasta la fecha. La reactivación de la campaña de cobro del 'impuesto revolucionario' por parte de la banda y el temor a que vuelva a cometer atentados ha hecho que algunos destacados industriales y representantes de las patronales vascas hayan optado por recuperar sus escoltas.
Según desveló EL CORREO el pasado 17 de marzo, varios empresarios vascos habían denunciado ante la Ertzaintza la llegada de una nueva remesa de misivas amenazantes. El tono empleado por ETA era muy similar al que venía utilizando desde que decretó el alto el fuego el 22 de marzo de 2006: evitaba terminología 'agresiva' y reclamaba una «aportación» voluntaria para la «construcción nacional». Además, enviaba a los chantajeados un «respetuoso y cálido abrazo revolucionario».
A pesar de ese estilo 'amable', la banda terrorista dejaba claras sus pretensiones y exigía cantidades que oscilaban entre los 60.000 y 70.000 euros. Los terroristas añadían que «agradecerían» que estas «ayudas económicas» se realizasen en billetes de 20, 50 y 100 euros.
Sin embargo, las fuerzas de Seguridad tenían la certeza de que el número de cartas era más abultado del que trascendió en un primer momento -algunos empresarios habrían optado por no denunciarlo- y de que, en determinados casos, el dinero reclamado era mucho mayor.
Esta hipótesis se ha confirmado esta misma semana. Este periódico ha podido saber que algunos industriales han recibido durante los últimos días misivas en las que se les exige entre 180.000 y 300.000 euros. Estas cartas pertenecerían a la misma remesa de marzo, aunque por diferentes motivos habrían llegado a sus destinatarios un mes más tarde. Su existencia ha sido puesta en conocimiento de la consejería de Interior, que ha certificado su autenticidad.
ETA no ha abandonado en ningún momento su campaña de chantaje a pesar de la declaración de tregua. El presidente de la patronal navarra, José Manuel Ayesa, desveló en varias ocasiones, en pleno alto el fuego, la llegada de cartas amenazantes a industriales de la comunidad foral, hecho que fue minusvalorado por el Gobierno de Zapatero. De igual manera, las principales organizaciones empresariales vascas eludieron confirmar la existencia de misivas de este tipo. Sólo en diciembre, el presidente de Confebask, Miguel Lazpiur, puntualizaba que «puede haberlas».
El atentado del 30 de diciembre en Barajas hizo temer a los responsables de la lucha antiterrorista que la banda armada aprovechase el miedo generado por esta acción para intentar recaudar más dinero para unas arcas que, al parecer, se encuentran cerca de los 'números rojos'. Una crisis acrecentada tras ser desmantelada el pasado mes de julio la red más antigua que ETA tenía dedicada al cobro del 'impuesto revolucionario'. Por orden del juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska fueron detenidas varias personas pertenecientes a esta trama que, presuntamente, era dirigida por Imanol Elosúa desde el bar 'El Faisán' de Irún.
La nueva remesa de cartas -que ya en marzo fue definida por Confebask como «mafiosa»- no ha hecho sino acrecentar la sensación de inseguridad que reina en el entramado empresarial vasco. A la inquietud general creada por el atentado de la T4 y por los recientes comunicados de ETA, se añade que entre la documentación intervenida al 'comando Donosti', desarticulado hace varias semanas, había información sobre diferentes industriales de Euskadi y del resto de España.
Datos básicos
Aunque se trataba de datos muy básicos -detalles recogidos en Internet, recortes de Prensa e imágenes captadas de televisión-, el desasosiego ha vuelto a cundir en un colectivo que había rebajado sus niveles de seguridad durante los meses que duró la tregua ante la esperanza de que el proceso abierto en ese momento desembocase en un cese definitivo de la violencia.
Sin embargo, la explosión en el aeropuerto madrileño de Barajas que acabó con la vida de dos personas -dos ciudadanos ecuatorianos- encendió de nuevo todas las alarmas. Ante el temor de que ETA retome de forma definitiva su actividad, ya que la banda afirma en sus comunicados que el alto el fuego sigue en vigor a pesar de la bomba de Barajas, varios empresarios han optado por recuperar sus escoltas. Algunos lo han hecho esta misma semana ante el temor de ser víctima de un atentado o de un secuestro.