Viernes, 27 de abril de 2007
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Muletillas
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DE CUANDO EN CUANDO OLMO El diccionario define el vocablo muletilla, como una frase que se repite frecuentemente, y hoy vamos a analizar aquí un par de muletillas referidas a las antiguas monedas, que en mi modesta opinión se prestaban a este tipo de frases coloquiales, cosa que será difícil que llegue a alcanzar el euro. Y como el movimiento se demuestra andando, comenzaremos por una frase que sirve para aun designar a los que ofrecen chollos de dudosa explicación; la de «dar duros a cuatro pesetas».

Tengo oído o leído (aunque no puedo garantizar la autenticidad de la anécdota) que en cierta ocasión a un bilbaíno chirene se le ocurrió montar en El Arenal un improvisado puesto con una mesita y un cartel que decía 'Se ofrecen duros a cuatro pesetas'. Según parece, nadie picó en el anzuelo de aquella oferta que, cosa curiosa, era autentica, porque el señor estaba dispuesto a soltar duros a cambio de cuatro pesetas.

En cambio nuestra nueva moneda, me parece que no encaja en el lenguaje coloquial, porque no pega eso de sustituir la citada frase por otra que diga por ejemplo «ese ofrece cinco euros por cuatro». Eso ni pega, ni resulta eufónico, ni tiene el menor atractivo, aunque en este caso el negocio que antes era de una simple peseta se haya convertido en 166 pesetas, que es como para animar a cualquiera a picar en el anzuelo.

Otra de las frases coloquiales de la época de la peseta y sus monedas fraccionarias era aquella que cantábamos en la copla popular de las famosas entradas que las droguerías de Barandiarán regalaban a sus clientes (una entrada cada siete pesetas de compra) para entrar gratis en el cine Olimpia y de las cuales ya tuve ocasión de hablar en este tertulia. Recordemos el final de la copla que aludía a los que entraban en al Olimpia con aquellas entradas y hasta se colaban en preferencia 'sin pagar un cochino real'.

¿Quién se animaría a cantar aquella copla (suponiendo que las entradas subsistieran) diciendo 'sin pagar un cochino euro? Nadie amigos míos. El euro podrá ser todo lo beneficioso que ustedes quieran (aunque las amas de casa opinen otra cosa), pero sera difícil que algún día llegue a formar parte del lenguaje coloquial popular. Le falta la solera, la alegría y el casticismo prosódico que tenían la perra gorda, el real o la peseta.

 
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