El miércoles es la nueva gran cita del particular maridaje entre política y televisión, un debate entre Ségolène Royal y Nicolas Sarkozy que puede llegar a sentar a 25 millones de franceses ante el televisor, ahí es nada. Se pueden adelantar ya algunas conclusiones: ella jamás levantará los brazos, él se comportará como un caballero. Sus asesores estudian al milímetro las bazas de cada candidato y las trampas que pueden tenderles sus rivales. Cabe esperar que, a diferencia de Zapatero y Rajoy, habrán incluido a algún navarro en su equipo.