Por primera vez en 25 años, en mayo de 2006 se firmaba un acuerdo para la mejora del crecimiento y el empleo que implica, en su gestación y desarrollo, al Gobierno, a las organizaciones empresariales y a las confederaciones sindicales. Un acuerdo hecho pensando en los intereses del país, que pretende no sólo que se cree empleo sino, además, que sea estable y de calidad. Porque el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero pretende no sólo que nuestra economía crezca -los datos lo avalan- y que se cree más empleo -que se está creando-, sino que, además, está permitiendo que los beneficios del crecimiento económico lleguen a más ciudadanos, que se refuercen derechos ya existentes y se creen otros nuevos.
Podemos considerar la presente legislatura como la del empleo, también en el País Vasco, donde se han creado más de 83.000, alcanzando el máximo histórico de casi un millón de ocupados. Donde el 65% del nuevo empleo ha sido para mujeres y se está produciendo una reducción desconocida del paro, situándose el mismo en niveles cercanos al paro técnico. Datos que merecen ser conocidos y que son fruto del esfuerzo de todos. Del acuerdo. Acuerdo social, entre trabajadores, empresarios y Gobierno que, sinceramente, y al margen de los resultados, echo de menos en el País Vasco. Es necesario que en nuestra comunidad, y también en esta materia, se recupere e instale el gusto por la concertación. Que desde los poderes públicos se fomente el diálogo entre los sectores sociales que directamente intervienen en los procesos productivos. El País Vasco necesita también que el Gobierno autonómico, los sindicatos y las organizaciones empresariales den un paso definitivo, esencial para nuestro desarrollo económico y social.
UGT, CC OO, las organizaciones de empresarios CEOE y CEPYME y el Gobierno de España firmaron hace ocho meses un gran acuerdo. Si uno de los principales objetivos era incrementar la estabilidad en el empleo, la constatación de que en tan sólo ocho meses se hayan suscrito casi 1.647.000 contratos fijos (61.786 en el País Vasco), de los cuales 764.012 son indefinidos iniciales (26.231 en nuestra comunidad) y 882.970 son conversiones de temporales en indefinidos (35.555 en Euskadi), desmiente rotundamente afirmaciones lanzadas desde alguna organización sindical en el sentido de que la reforma laboral ha constituido «un fracaso y un fraude de ley». Difícilmente puede calificarse de fracaso, a no ser que se haga una lectura sesgada de los datos disponibles y en la que se antepongan otro tipo de intereses a los sociales o a los del colectivo de trabajadores.
Es todavía excesiva la proporción de trabajadores ocupados con relación laboral temporal. Pero semejante desajuste del mercado de trabajo, al igual que otros como la desigual distribución por sexos y grupos de edad, del empleo y el paro, del desempeño de puestos de responsabilidad, de la retribución , vienen de atrás y requieren su respuesta concreta en el ámbito de los acuerdos y de la propia negociación de los agentes sociales, que son los definitivos protagonistas de lo que el mercado de trabajo realiza en cada empresa. Ahora que el empleo aumenta es cuando hay que pedir más responsabilidad si cabe a los propios protagonistas del mercado, a los agentes económicos y sociales. Para hacer efectiva una mayor calidad en el empleo.
En materia laboral el marco legislativo es fundamentalmente 'marco'. Pero hay que preguntarse por el comportamiento concreto de empleadores y sindicatos en los distintos ámbitos (territoriales, sectoriales ) a la hora de negociar y alcanzar acuerdos que hagan efectivo el aprovechamiento de las posibilidades que ofrece semejante marco.
Los resultados anteriores avalan la bondad de una reforma legislativa, del nuevo marco para la contratación y de la política de incentivos incorporada, que es fruto de la negociación y del acuerdo previo entre los propios agentes sociales y de éstos con el Gobierno de la nación. Que los datos observados en Euskadi, en cuanto a crecimiento de la estabilidad en el empleo, se sitúen por debajo de la media del Estado probablemente haya que achacarlo, no a un fracaso de la reforma laboral aludida, sino a las enormes dificultades (¿fracaso?) por las que atraviesa la negociación colectiva y la práctica imposibilidad de alcanzar acuerdos de alcance estratégico entre la representación patronal y la mayoría sindical en Euskadi.
Lo que no era aceptable es la situación anterior que la reforma ha querido atajar: cientos de miles de personas sujetas a una 'permanente temporalidad sine die', desempeñando el mismo tipo de empleo para la misma empresa, supeditados a que les fuera prorrogado el contrato anterior o a que se les ofreciese otro temporal. Situación que se ha solucionado por la doble vía del plan extraordinario de conversiones, hasta fin de 2006, de temporales en indefinidos y con los nuevos límites a la contratación temporal. Los últimos datos de la Encuesta de Población Activa avalan lo anterior. Según la EPA, la tasa de temporalidad se ha reducido casi 2 puntos situándose en el 31,9% en el primer trimestre de 2007. La mayor bajada de la historia. 340.000 personas más con empleo indefinido en ese periodo y 67.000 personas más con trabajo que en el último trimestre de 2006. Se crea empleo y aumenta el empleo estable.
Pero pese a las acusaciones sin fundamento, frente a las omisiones interesadas, en cuestiones como las del empleo y en tantas otras, el Gobierno de España apuesta decididamente por el progreso del País Vasco. No sólo apoyando y costeando grandes e indispensables infraestructuras como la 'Y' vasca, mejorando los accesos ferroviarios a las capitales, o a los puertos de interés general. También apostando por la mejora de los recursos medioambientales; apoyando la recuperación de bienes culturales; apostando por proyectos científicos de vanguardia como la Fuente de Espalación de Neutrones. Trabajando, en definitiva, por el progreso de nuestro país, el de todos, para alcanzar lo que la Comisión Europea certificaba a final del pasado año al revisar al alza el crecimiento de la economía española en 2006 y 2007, muy por encima de la media europea.
Creando empleo, saneando como nunca lo han estado las cuentas públicas, mejorando el poder adquisitivo de pensionistas y trabajadores, apostando por la calidad del empleo incentivando la contratación fija. Apostando por el futuro económico y social de nuestro país. Favoreciendo y creando las condiciones que favorezcan las inversiones, las nuevas ideas, los nuevos proyectos.