Al pensar en esos trescientos euros de pensión de bastantes personas, un tema olvidado o, por lo menos, orillado por la clase política, me pregunto: ¿Quién va a romper una lanza por ellas? Por delante de estas pensiones miserables pasan inversiones millonarias en super-embellecimiento de ciudades y municipios, así como gastos astronómicos en fiestas locales y otros eventos ¿Hace falta tanto? Gastar inmoderadamente en lo superfluo es estar usando dinero que pertenece a personas con pensiones paupérrimas. ¿No sería prioritario que todos los ciudadanos tuvieran una pensión digna para vivir, y seguir luego con otros proyectos? De vez en cuando hablan de una subida irrisoria. ¿No es hora ya de que se resuelva lo verdaderamente importante? No es de extrañar el alto abstencionismo de los votantes. Si los políticos no se remangan ante este problema, el panorama motiva muy poco para acercarse a las urnas.