Domingo, 29 de abril de 2007
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Bilbao Basket
Cien velas rojillas
Txus Vidorreta cumplió ayer su centenario en la ACB, «un motivo de orgullo y felicidad»
Cien velas rojillas
CENTENARIO. Vidorreta ha cumplido su mejor temporada en la ACB.
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SUS JUGADORES ACB
Jugador Partidos

Fred Weis 98

Javi Salgado 97

Pedja Savovic 74

Richard Scott 68

Román Montañez 64

Marko Banic 61

Andy Panko 48

Martin Rancik 39

Ivan Koljevic 37

Milan Majstorovic 36

César Sanmartín 34

Germán Gabriel 34

Luke Recker 30

Diego Ciorciari 27

José Ángel Antelo 21

José Luis Maluenda 21

Lucho Fernández 21

Nacho Azofra 21

Ricardo Uriz 17

Rubén Quintana 15

Damon Johnson 13

Sasa Stefanovic 13

Pedro Fernández 9

Scott Burrell 8

Juan Alberto Espil 8

Cesc Cabeza 8

Brian Howard 7

Roberto Núñez 4

Asier Zengotita 3

Rodney White 3

Andrea Camata 2

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La vorágine le pilló concentrado con la selección española júnior. Mientras esbozaba en la pizarra el camino hacia el oro europeo, cruzaba llamadas con Bilbao. La tensión crecía y no le contentaban las informaciones que recibía. Ya había visto abortado un ascenso a la ACB en su trayectoria y no quería permitirse si quiera el sentirse entrenador de la máxima categoría hasta que la fumata blanca certificara en público que se había hecho frente al pago del canon y el resto de duras obligaciones impuestas para desprenderse del encorsetado traje de la LEB.

Por fin llegó aquella llamada y nació la historia de Txus Vidorreta como entrenador de la élite. El 3 de octubre de 2004, tras una semana plena de acontecimientos mediáticos, el técnico de Indautxu cruzaba su mano con la de Dusko Ivanovic como la del primer colega al que se midió. Aquel 57-104 con que el TAU dio la bienvenida a la ACB al Lagun Aro fue para muchos una sacudida de cimientos atroz. Para el entrenador bilbaíno, un duro golpe, pero también una lección concentrada. Sin engaños. Así se las gastaba la segunda mejor liga del mundo. Desde entonces, hasta su tercera visita de ayer al pabellón sevillano San Pablo, el viaje ha incluido cien paradas, algo que enorgullece más si cabe cuando se consigue profetizando en tierra propia. «Para mí estos cien partidos son una gran alegría. En el año 94 no pude consumar el ascenso que habíamos conseguido en las canchas. Cumplir ahora mi tercera temporada en el club de mi ciudad, y una vez confirmada la permanencia una campaña más en la ACB, es un motivo de orgullo y felicidad», explica Vidorreta.

Popularidad

Su popularidad ha ido creciendo en proporción directa a su permanencia en la élite. Ejerció de desatascador institucional, sobre todo a nivel municipal. Recibió carta magna del club para dirigir en toda su amplitud la parcela deportiva y logró en la primera temporada una permanencia fundamental, dados los riesgos afines a cualquier recién ascendido.

En aquella primera campaña en la ACB, utilizó a 16 jugadores para alcanzar las 12 victorias, siete de ellas en casa. Tuvo que lidiar con la lesión de Savovic justo antes del debut liguero, realizar una faena de aliño ante la espantada de Roberto Núñez y acabó apuntalando la plantilla con Damon Johnson y Scott Burrell. Pero su esqueleto tipo ya lo había formado con Salgado, Sanmartín, Germán Gabriel y Scott. Su rédito creció al sacar un óptimo rendimiento de Sanmartín y Gabriel, ante cuyos fichajes se tuvo que soportar alguna mofa reconvertida en posterior admiración.

Comenzó Vidorreta a llenar el zurrón de prestigio, personal y colectivo, con victorias de postín, como la primera lograda en el Olímpic de Badalona tres días después del intento de tiro de gracia alavés o la primera en La Casilla, ante el entonces subcampeón liguero, Adecco Estudiantes.

Si complejo era el estreno, no le iba a la zaga el año de la confirmación, una segunda campaña que no nació como se esperaba. El club, ya convertido en sociedad anónima deportiva, trató de dar un paso adelante y por primera vez se rascó el bolsillo para fichar. Compró los derechos de Koljevic y Majstorovic y entró en la puja por Rubén Quintana, acogido al derecho de tanteo. La maniobra trajo cola. Ha sido la única nube que ha tenido que vigilar en sus tres años en la ACB. El enfrentamiento con el base de Cetinje, incapaz de poner su enorme talento al servicio colectivo, la lentitud para sacar provecho de un 'cuatro' destrozado al intentar ser reconvertido en alero y la fragilidad mental del escolta canario en la segunda vez que decepcionaba a su entrenador, formaron un lastre que enturbió el trabajo.

Pero fueron más poderosos los argumentos positivos. La explosión de Fred Weis, el tino para convertir de nuevo a Montañez en un hombre importante, la llegada de un jugador de otro nivel, como Rancik, amén de la sociedad Vidorreta-Salgado, llevaron al Lagun Aro a un curso que pudo aprobar con nota, reducida a un suficiente por una peligrosa sequía de resultados. Pero de los malos momentos también surgieron guiños positivos, como la interpretación del público, que contestó a la llamada de socorro del equipo en los inolvidables partidos en casa contra Breogán y Pamesa. Y para el prestigio, doble triunfo contra el campeón, Unicaja, y el TAU que pasó por el aro en el BEC, mientras el Barça lo hacía en La Casilla.

La mejor temporada

Y llegó la tercera temporada, la mejor gracias a un final de campeonato espectacular. Txus Vidorreta ha sacado lo mejor de los suyos en el curso en el que se ha visto superado por algunos acontecimientos, tras proclamar públicamente su pérdida de poder en la parcela deportiva. Todo apuntaba a que el desgaste le iba a pasar factura y se ha presentado en su partido del centenario con más cuerda que nunca. Y con ganas de no hacer las maletas.

 
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