Domingo, 29 de abril de 2007
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ECONOMÍA

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Una resma de equivocaciones IGNACIO MARCO-GARDOQUI
La pugna por el control de Endesa se ha visto salpicada por una serie de decisiones erróneas del Gobierno, que han culminado con el nombramiento de Julio Segura como presidente de la CNMV
Una resma de equivocaciones IGNACIO MARCO-GARDOQUI
CNMV. Manuel Conthe, en su comparecencia en el Congreso. /EFE
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La comparecencia el pasado martes en el Congreso del por aquel entonces presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Manuel Conthe, constituye un hito en la larga historia de la OPA sobre Endesa. Y, probablemente, sea ya el último de los relevantes. Su actuación personal, el anuncio de su dimisión y las expectativas creadas alrededor de lo que podrían ser sus declaraciones y sus revelaciones crearon una expectación máxima, que ha sido seguida con atención tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

Se podrá estar de acuerdo, o no, en las formas utilizadas por Conthe para expresar su desagrado por la evolución de los acontecimientos y para comunicar su decisión de abandonar el barco en mitad de la tormenta, pero es difícil llevarle la contraria en lo sustancial. Lo sustancial en esta historia, lo realmente importante y lo que va a tener repercusiones para el futuro, es el resultado: dos empresas que no han participado en la puja y que no han estado constreñidas por los rigores y las exigencias que impone la ley han terminado por ganar la disputa. Por el contrario, la única que aceptó la legalidad y trató de cumplirla -habrá que ver en qué quedan las acusaciones de utilización de información privilegiada lanzadas a E.on- se ha visto derrotada y ha tenido que pactar con los vencedores sobre los restos del naufragio.

De ahí que Conthe proclamara que los perjudicados no han sido los accionistas de Endesa, sino E.on. No estoy del todo de acuerdo. Hay más. En primer lugar, algunos accionistas de Endesa. En concreto, todos aquéllos que vendieron sus títulos con anterioridad a la última intervención de la CNMV pensando que se iba a cumplir la norma y que no iba a ser posible mejorar los precios. Otro perjudicado, y con seguridad mucho más importante, ha sido la credibilidad del sistema financiero español, la imparcialidad de los árbitros y la limpieza del juego mercantil.

El Gobierno hizo lo que pudo para evitar la intervención de Conthe en el Congreso. Incluso hubo quien, saliéndose por completo del tiesto, calificó de «chantaje intolerable» la mera petición de comparecer ante el Parlamento. Culminaba así una larga serie de despropósitos y torpezas que han jalonado el año y medio de historia de la OPA: un apoyo exagerado y público a Gas Natural, un cambio de legislación en mitad del partido; un enfrentamiento aparatoso con Bruselas, que se cargó 18 de las 19 medidas aprobadas para frenar a E.on; un ¿engaño? a la canciller Angela Merkel, a la que se le prometió un «final feliz»... Y unas presiones inconvenientes e ilegales a la CNMV para evitar las sanciones que propugnaba su presidente. Al final, la pérdida de esta votación desencadenó el proceso de su dimisión al manifestar su falta de apoyos.

El futuro

Pero dejemos el pasado y centrémonos en el próximo futuro. No en el personal de Conthe, que se adivina negro salvo que las condiciones previstas para la rescisión de su contrato se asemejen a las de los presidentes de las empresas que él controla. Hablemos de la CNMV. El Gobierno se enfrentaba a dos problemas. Uno, nombrar al sustituto; y, dos, recomponer la deteriorada figura del organismo regulador. La solución al primero está en su mano. La del segundo es más complicada y necesitará tiempo, además de acierto en la gestión.

Para sustituir a Conthe la primera opción era la más próxima. Ascender al vicepresidente es una fórmula muy utilizada cuando queda vacante la silla del presidente. Pero Carlos Arenillas no fue capaz de digerir una cena demasiado copiosa, demasiado bien regada y demasiado cara, en la que se tomaron decisiones demasiado peligrosas para alguien que carga con responsabilidades como las suyas. Una botella de Borgoña anegó sus expectativas. La segunda opción, la elegida, es muy poco conveniente. Con independencia de su valía intelectual y de sus méritos académicos, Julio Segura no es la persona idónea para el cargo. Su presente está excesivamente próximo al Gobierno y su pasado se encuentra excesivamente alejado de los asuntos que debe arbitrar. Entre los más de 40 millones de españoles que nunca hemos militado en el Partido Comunista, ¿no hay ninguno válido para presidir el 'santa sanctorum' del mercado financiero? Segura no concita el nivel de acuerdo necesario en este momento, ni garantiza la imparcialidad que el organismo exige. Su nombramiento es otra decisión equivocada. Es una lástima que el Gobierno haya vencido una vez más la tentación de dialogar con la oposición y buscar acuerdos más extensos.

Luego nos queda la maltrecha credibilidad de la CNMV y de España como país receptor de inversiones. Si no se hace nada, ¿qué comportamiento seguirá la próxima empresa que desee lanzar una OPA en nuestro país? ¿Elegirá el tortuoso y restrictivo calvario que marca la regulación o atacará su objetivo desde fuera del sistema? E.on eligió la primera vía y su fracaso ha sido evidente. Ha empleado tiempo, gastado mucho dinero y desgastado la credibilidad de sus dirigentes para obtener un beneficio magro. Enel prefirió la segunda vía y triunfó. Pero la generalización de esta postura nos llevaría a dinamitar el edificio construido, al arruinar la regulación vigente. En adelante, podría ser más útil y eficaz arreglarse con el Gobierno de turno en lugar de esforzarse en cumplir con la ley. Ésa ha sido la situación que Conthe no ha querido soportar y ése es el auténtico problema de futuro al que se enfrenta la CNMV y, al final, el conjunto del sistema financiero español.

Conthe ha dejado descritas en su testamento las reformas que considera necesarias para garantizar el buen funcionamiento de la CNMV, lo que supone un nuevo reto para el Gobierno. Implantarlas sería darle la razón 'post mortem'; obviarlas supondría el mantenimiento del caos actual. ¿Hay alguna alternativa?

 
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