Domingo, 29 de abril de 2007
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POLÍTICA

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Un impacto escaso pero no desdeñable
El porcentaje del electorado que se mueve es muy bajo, pero puede ser decisivo
Un impacto escaso pero no desdeñable
Mariano Rajoy , respondiendo a los ciudadanos en TVE. / EFE
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¿Pueden ganarse unas elecciones en un debate televisivo? Los especialistas son tajantes: unas elecciones no se ganan en un debate, pero se pueden perder. Julián Santamaría, catedrático de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid, y Francisco Llera, que lo es en la del País Vasco, destacan que la clave para el triunfo o la derrota suele estar en casi todos los países en una porción del electorado que está entre el 10 y el 15%. Estadísticamente es muy poco, pero es clave, sobre todo si de lo que se trata es de conseguir su movilización. Y eso es algo que se logra con mayor facilidad, explica Llera, en un debate en solitario entre los dos candidatos más importantes que si intervienen también los de otros partidos menores. Santamaría entiende también que el efecto más importante está en el refuerzo de posiciones o en su capacidad para llevar a las urnas a alguien que se identifica con un partido pero no está muy decidido a votar, o lo contrario.

Ese efecto es pequeño pero puede cobrar importancia cuando los candidatos están muy cerca en la intención de voto. Y no debe perderse de vista que, subraya Santamaría, cada vez se vota más, también en Europa, en función del candidato. Ese candidato, enfrentado a un formato en el que necesariamente debe sintetizar al máximo sus mensajes, termina por lanzar eslóganes más que argumentos y programas. Esto es así en los países donde hay competencia electoral. En Cuba, a comienzos de los ochenta, Fidel Castro hizo un discurso al pueblo a través de la televisión de doce horas y media. Tuvo mucho tiempo de desarrollar sus ideas. Algo de lo que no disponen los políticos en Europa y EE UU.

«La televisión puede contribuir a la merma del debate ideológico y por otro lado refuerza el componente de la personalización en la decisión del voto», explica Llera. Esos contenidos simples, esas píldoras que los candidatos colocan a cualquier precio en una intervención televisiva, ya sea entrevista o debate, «están más orientados hacia la emoción que hacia la reflexión», añade Santamaría.

Pero ni siquiera eso llega a todo el público de forma directa. Una parte del electorado sigue el debate o la entrevista con atención y extrae sus propias conclusiones, pero un volumen mayor se queda con la síntesis que al día siguiente hacen los periódicos. Y muchas veces, coinciden los especialistas, lo que éstos destacan es aquello en lo que los candidatos han hallado mayores dificultades, aunque no tenga la menor trascendencia.

Sucedió en las últimas apariciones de Zapatero y Rajoy en TVE. Desde el punto de vista de su capacidad para gobernar, subraya Alejandro Muñoz Alonso, que habla como catedrático pero también como político en activo, no tiene la menor trascendencia que Zapatero no sepa cuánto cuesta un café en la calle ni que Rajoy se resista a confesar su sueldo. Sin embargo, fueron sus peores momentos, los periódicos los destacaron y eso terminó por convertirse en lo más llamativo de sus intervenciones.

 
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