Domingo, 29 de abril de 2007
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SOCIEDAD

ANÁLISIS
La Adopción
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En España ha disminuido el número de niños en situación de abandono, los más fáciles para la adopción. Aunque hay muchos niños con posibilidades de ser adoptados, no son los más deseados por no cumplir las condiciones de corta edad, salud y piel blanca, que son los que acumulan las demandas. El concepto de adopción ha cambiado. Se matizan más los trámites. La fase de acogimiento previa se alarga y en algunos casos no termina con éxito.

Desde los años ochenta, el número de adopciones nacionales ha disminuido y han aumentado las internacionales por ser percibidas por muchos aspirantes como más rápidas, pero no están carente de riesgos. Un buen proceso de adopción garantiza una familia idónea para el hijo y evitar sorpresas a los padres adoptantes al recibirlo conociendo perfectamente sus características.

El proceso que se sigue en el Estado español debería buscar las garantías para el niño y para el conjunto de las personas implicadas: padres biológicos, adoptivos y el menor. Las valoraciones se deben hacer escrupulosamente: las posibilidades de que, con ayudas y seguimiento, el menor puede permanecer con su familia biológica es la mejor solución. En el caso contrario se plantea el acogimiento familiar temporal, que podrá dar paso a la adopción. Los padres aspirantes deben valorarse y ser valorados para comprobar si son idóneos para ese niño. En contra de lo que muchos adultos creen, no son ellos los que tienen el derecho a adoptar. Es el niño el que tiene derecho a ser adoptado en las mejores condiciones posibles para desarrollarse emocional y físicamente. No se trata de elegir el mejor hijo para una familia, sino de proporcionar al menor una familia idónea.

Los matrimonios en situación familiar normalizada y emocionalmente armónicos, y a poder ser con los subsistemas familiares completos, deberían tener preferencia frente a otro tipo de uniones con menor compromiso y menores garantías de estabilidad, o las personas solteras, u otras uniones que no representan el estado natural de la familia: hogar estable con padre y madre, condiciones que desde la Psicología y desde la Educación se siguen considerando las más idóneas.

No cierro las puertas a las adopciones a otros colectivos de adultos, pero al ser el menor el que tiene el derecho, se le debe proporcionar el mejor núcleo familiar. Por lo que el modelo natural, padre y madre con vínculos emocionales sólidos, debería considerarse criterio prioritario frente a otros que tratan de atender más las demandas de los adultos: solucionar necesidades afectivas o problemas de soledad, o atender derechos 'supuestamente progresistas'. Garantizar las necesidades materiales y el afecto no es suficiente si se priva deliberadamente al hijo de los referentes parentales, padre y madre, tal y como los ha establecido la naturaleza.

Las adopciones desde las actitudes maduras no crean problemas diferentes a los que se dan entre los padres e hijos biológicos. Pero cuando predominan las motivaciones interesadas, los problemas normales en una familia biológica se agravan en ésta. Aparecen con más facilidad estilos educativos inapropiados: sobreprotectores por inseguridad, actitudes de rechazo si el hijo no cumple las expectativas, etcétera.

La madurez y el altruismo de las familias adoptantes ponen de manifiesto que la adopción bien planteada es la mejor situación para los menores, frente al acogimiento institucional. El alto nivel de satisfacción para un gran número de familias adoptivas es también un signo de que el nivel de idoneidad garantiza el buen funcionamiento de todo el sistema familiar.

 
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