Martes, 1 de mayo de 2007
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El invento
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DE CUANDO EN CUANDO OLMO Creo que me he quedado corto en el título. Debiera haber escrito 'el invento del siglo', porque se trata de uno de esos inventos que surgen para resolver el problema de la energía, y un ejemplo de este tipo de inventos lo tuvimos ya en Bilbao, hace unos cincuenta años con aquel famoso motor que funcionaba con agua del grifo.

Pero no crean que este deseo lógico de la humanidad es un sentimiento nacido con el problema del petróleo, porque hace ya muchos años, cuando todavía no existía el motor de gasolina, y la única energía conocida era el vapor de agua, se planteó también con el carbón que es otra de las energías no renovables.

El ingenio humano, que no descansa, ha tenido siempre la vista fija en conseguir sucedáneos energéticos, y si ahora buscamos sucedáneos al petróleo, hace más de siglo y cuarto surgió también uno de esos 'inventos del siglo' ofreciendo un sucedáneo mucho más barato y fácil de conseguir que el vapor de agua.

El día 17 de abril de 1879 se publicó una noticia dando cuenta de un invento que fue calificado como una verdadera revolución de la mecánica industrial. Claro que eso de la revolución se daba con ciertas reservas, porque dependía de que se confirmasen las inmensas ventajas de aquel anuncio asombroso.

¿En que consistía aquel truco del almendruco? Leámoslo tal como apareció en 'El Noticiero Bilbaíno'. Decía así: «El distinguido doctor italiano don Pablo de Susini acaba de inventar en Buenos Aires una máquina modelo con la cual ha suplantado el vapor de agua con el vapor de éter, como fuerza motriz en las locomotoras y en las diversas variedades de máquinas de mover aparatos de industria o de transporte». (sigamos con la noticia).

«Con esta se ahorra mucho tiempo, gran espacio y se economizan 400 de las 500 toneladas de carbón que un buque necesita para viajar de Buenos Aires a Europa. El referido invento está llamado a alcanzar una verdadera revolución en la mecánica industrial, si se confirman las inmensas ventajas que se anuncian».

Hasta aquí la teoría. En cambio la realidad nos dice que las locomotoras y las calderas de los vapores siguieron funcionando con carbón hasta que apareció el petróleo. Por lo visto no funcionó bien el vapor de éter. Hasta otra.

 
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