El triunfador de la última feria de Sevilla torea mañana en el Festival del Club Taurino. Manuel Jesús 'El Cid' confirma su ilusión por encerrarse en la feria de agosto de Bilbao con seis 'victorinos' en una tarde que se antoja de gesta para el matador.
-¿Es cierto que prefiere ser recordado por su humanidad que por sus logros en los ruedos?
-Claro que sí. Ser buen torero es importante, pero prefiero que me recuerden como buena persona, buena gente... Lo importante es poder dormir a pierna suelta, con la conciencia tranquila. Salvo el día antes de las corridas, e incluso después, duermo como un bendito.
-El juego de los encierros lidiados en Valencia y Castellón (Alcurrucén y Jandilla, respectivamente), imposibilitaron su triunfo. ¿Lo suyo son los 'victorinos'?
-Nunca los he abandonado. Siento un gran cariño por los 'victorinos', me han dado grandes tardes de toros. Mientras pueda mataré 'victorinos' en las plazas de máxima responsabilidad, porque lo excepcional se transforma en normal en muy poco tiempo. Matar una corrida de Victorino siempre debe de ser un hecho excepcional.
-¿Por qué se entiende tan bien con esos toros?
-Pues no lo sé. Intento hacerle al toro de Victorino lo mismo que le hago al de Alcurrucén, y al de Jandilla, y al de Juan Pedro Domecq. No puedo negar que mi toreo encaja con el comportamiento y la embestida de este toro, pero no me pregunte la razón. Son animales complicados: te buscan, se quedan en las zapatillas, se revuelven muy rápido, les cuesta romper hacia delante...
-Después de salir a hombros por la Puerta del Príncipe por cuarta vez, ¿se siente 'el torero de Sevilla'?
-Yo me siento torero de todos lados. Sí es verdad que la afición de Sevilla es especial, tiene su personalidad, pero exactamente igual que la tiene la afición de Madrid, de Bilbao o de Valencia. Todas las plazas de primera lo son por algo: el rigor, la exigencia, la presentación del toro. No me considero un torero de corte sevillano, ¿pinturero¿. Sinceramente, creo que soy mejor torero, un torero profundo, largo.
Campaña en contra
-Tres días después de abrir la Puerta del Príncipe salió a hombros de la Monumental de Barcelona. ¿Se crece en las grandes citas?
-Todos mis compañeros me espolean por igual. ¿Todos son rivales!. Lo que de verdad me estimula son las plazas, los marcos. Cuando voy a torear a una plaza importante busco lo excepcional. No le voy a engañar, desgraciadamente lo extraordinario no se puede hacer todos los días.
-¿Sigue creyendo que un sector de la crítica taurina ha montado una campaña contra 'El Cid'?
-¿Convivo con ella! (risas). Ahora no le doy importancia, pero el año pasado me hicieron mucho daño en algunos momentos. Creo que se me hicieron críticas que no se correspondieron con lo que sucedió en la plaza. Intento ser cordial con todo el mundo, no le niego el saludo a nadie.
-Las próximas Corridas Generales de Abono lidiará en solitario seis toros de Victorino Martín, ¿por qué ha elegido Vista Alegre?
-Este invierno estuve en Salamanca preparando la temporada y, una noche, cenando con mis apoderados, decidimos que había que volver a matar seis toros. Barajamos varias plazas, pero los tres coincidimos en que el lugar debía ser Bilbao: feria de postín y plaza de máxima categoría. En Vista Alegre he tenido buenas actuaciones, pero no he terminado de romper.
-¿Es cierto que los empresarios de Las Ventas le ofrecieron matar seis 'victorinos' en plena feria de San Isidro?
-No. A mis oídos no ha llegado la oferta. Si Dios quiere, el cuerpo aguanta y el corazón bombea, igual el año que viene me lo planteo en San Isidro o fuera de feria.
-La pasada temporada lidió en solitario seis toros de tres ganaderías diferentes en Sevilla. Sin embargo, para su gesta bilbaína ha preferido seis 'victorinos', ¿por qué ha variado el planteamiento?
-(Largo silencio). Porque he llegado a la conclusión de que cuando maté los seis toros en Sevilla la gente esperaba al toro de Victorino. De principio a fin hice un grandísimo esfuerzo con los otros cuatro toros y sí... bien, le corté una oreja a los dos de Zalduendo, pero después salió el 'victorino', le pegué veinte muletazos y le corté las dos orejas. Pues para que nadie espere, vamos a matar los seis de Victorino.
El Festival del Taurino
-Usted es un diestro concentrado en las suertes fundamentales del toreo. ¿No teme quedarse corto de repertorio frente a seis toros?
-Soy un torero demasiado clásico, puede que tenga razón cuando dice que mi repertorio de suertes y lances no es largo. Ahora bien, en Sevilla maté seis y nadie se aburrió. ¿Y no hice nada extraño, ni fuera de lo común!. Conozco mis limitaciones; soy un torero alto, puede que algo torpe de piernas y no sé taparme. Cuando no estoy bien se me nota muchísimo, parezco un pantomimo. Pero, si todo rueda como yo espero, tampoco debo salirme de mi concepto.
-¿Es consciente de que en Bilbao puede cortar una oreja a cada astado de Victorino y tener que salir de la plaza andando en vez de en hombros?
-Claro. Sé que hay que cortar las dos orejas a un toro. No me obsesiona tener que salir forzosamente por la puerta grande de Bilbao. Lo que de verdad quiero es dar una gran tarde de toros.
-Mañana participará en el festival del Club Taurino de Bilbao, un alto en el camino entre las ferias de Abril y San Isidro. ¿Trastorna la concentración, rompe el ritmo de la temporada?
-Ni mucho menos. Lo importante es no parar, corregir errores y eso sólo lo puedes hacer en la cara del toro. En vez de matar un toro a puerta cerrada, lo mato en público y no pierdo el pulso a la plaza. No me desconcentra para nada, al revés, en vez de estar en casa entre semana, estoy toreando.
-Usted es uno de los matadores que torea en más festivales benéficos. ¿No sabe negarse?
-No. ¿Y me quito de muchos!. Me preocupa mucho saber la causa para la que colaboro. Luego hay festivales, como el del Club Taurino, en el que han participado todas las figuras del toreo, y te apetece.
-Por si no lo sabe, el festival del Taurino sirve de homenaje a la mujer bilbaína...
-Bien guapas y elegantes, sin duda. Hay gente que no conoce ni Bilbao ni a sus gentes. Habría que acabar con los prejuicios y los falsos estereotipos. Me encanta ir a Bilbao.