Ganó el favorito Sarkozy, no porque perdiera Ségolèn, que no, sino porque a ésta le era preciso ganar con claridad para sacar alguna ventaja. Y eso no sucedió. La ecléctica prensa francesa daba con la clave al asegurar que ninguno de los 'duelistas' cometió errores, por lo que el candidato de la derecha conserva su ventaja. Creo que fue Balzac quien dijo que el que gobierne a una mujer puede gobernar una nación. Contener a la candidata socialista en todo su agresivo esplendor, entregada a la erótica de una dialéctica desorejada, con todas las plumas de su belleza e inteligencia desplegadas, parecía misión imposible en el planteamiento del debate. Pero como dice mi querido Iturribarría, Sarkozy es mucho toro y no se dejó ganar los terrenos.
Estos duelos tienen eso: no suelen cambiar los estados de opinión, aunque sí puedan contribuir a matizarlos. Y Francia, como ya demostró en la primera vuelta, tiene muy claro lo que quiere. Posiblemente, a Ségolène le suceda lo que a los deportistas de elite, que en cualquier otro momento hubiese llegado de largo a la presidencia de la república. Es carismática, atractiva, con un mensaje de modernidad. La mujer justa para cambiar de estado civil. En el ciclismo se da con los grandes, nacen en la época de los superclases y nunca pasan de gregarios. ¿Quién pudo hacer sombra a Anquetil, Bahamontes o Indurain en sus buenos momentos?
Por otra parte, Francia está a la baja o en el umbral de una decadencia que se anuncia desde hace tiempo. Y ahí entra en juego el otro factor que los politólogos británicos juzgan decisivo para ganar cualquier comicio: el voto de la mujer. En Reino Unido las mujeres llevaron a la victoria a Thatcher y a Blair, ambos, en su momento, ofrecían seguridad, un bien tan preciado para cualquier dama. Ahora, dicen, entra en liza el candidato 'tory' Cameron. A quien, independientemente al encanto de su juventud, los analistas de Reino Unido adjudican otros grandes atractivos: ha aparecido en los medios cocinando, atendiendo a sus hijos, sus ademanes son suaves y al mismo tiempo corteses. Sabe tratar a una mujer.
Si atendemos a la distribución de los electores, en la primera vuelta a Sarkozy le quisieron mucho más las mujeres. Me queda la duda de que las francesas se inclinen por las mismas cualidades y vean en el candidato conservador galo a un hombre delicado y feminista. Pero, tal vez, las británicas se sientan más seguras que las de su misma condición en el Viejo Continente.
En mis años adolescentes no hubiese dado crédito: las francesas constituían el paradigma de la progresía y de la hembra de rompe y rasga liberal y liberada, uno de nuestros sueños eróticos y mitos intelectuales más persistentes durante la dictadura. Pero Francia ya no es lo que era y, a lo que parece, tampoco las francesas. Dadas las circunstancias, tengo para mí que votarán por Sarkozy en lugar de Ségolène y señalarán así el nuevo rancio rumbo de la república. Marianne con el pecho cubierto. ¿Qué le vamos a hacer...!