Sábado, 5 de mayo de 2007
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«No cambiaríamos nuestra vida por la de ellos»
A un paso de ganar la Superliga, tres jugadoras del Athletic muestran su orgullo por vestir la camiseta rojiblanca pese a las dificultades y los esfuerzos para compaginar el deporte con el trabajo y los estudios
«No cambiaríamos nuestra vida por la de ellos»
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ERIKA
Nacimiento: Pamplona

Edad: 24 años

Posición: Delantera

Altura y peso: 1,65 y 52 kilos

Temporadas en el Athletic: 3

Trayectoria: 67 partidos y 49 goles

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San Mamés abrirá mañana sus puertas para acoger a cerca de 30.000 aficionados dispuestos a entregarse y a llevar en volandas a sus colores. Una semana después del encuentro ante el Real Madrid, 'La Catedral' se volverá a teñir de rojiblanco para acoger otra cita trascendental para el Athletic. Los seguidores están dispuestos a movilizarse de nuevo para llevar en volandas a su equipo ante otro rival madrileño, pero hasta aquí llegan las similitudes con lo sucedido hace una semana, y empiezan las diferencias que engrandecen el mérito de lo que va a suceder mañana. Quien va a arrastrar semejante cantidad de aficionados dispuestos a dejarse sus gargantas a la hora de apoyar es el Athletic femenino, el rival es el Torrejón, y en juego está el cuarto título de la Superliga en los cinco años de historia del equipo de las chicas.

Realmente, lo que sucede en San Mamés cuando abre puntualmente sus gradas para acoger los éxitos de las mujeres rojiblancas es un oasis entre las inmensas diferencias que existen en España entre el fútbol masculino y femenino. Tantas, que las propias protagonistas de este reportaje prefieren obviarlas, conscientes de que cualquier comparación es odiosa. Y aburre, como confiesan. «Cada uno es un mundo diferente». EL CORREO ha conversado con tres componentes del Athletic femenino -Itziar Gurrutxaga, Gurutze Fernández y Erika Vázquez- en torno a su pasión por un deporte semiprofesional pero al que se dedican en cuerpo y alma. Y, entre sus confesiones y razonamientos, aparecen dos sentencias que marcan a estas futbolistas internacionales: una, que están muy orgullosas de lo que hacen y de defender la camiseta del Athletic pese al esfuerzo diario que les exige, y otra, que al margen de comparaciones, no sienten envidia por la vida de los jugadores rojiblancos. «No cambiaríamos nuestras vidas por la de ellos», afirman contundentes. «Está claro que gustaría tener más dinero y vivir bien, pero estoy feliz con lo que hago y no envidio a nadie», añade Guru, la primera protagonista en contar su vida en el mundo del fútbol.

GURUTZE FERNÁNDEZ

Delantera. Trabaja en el Museo del Athletic

Su mundo gira en torno al Athletic. Y no es una frase gratuita. Su jornada se divide entre su trabajo en el museo de San Mamés y los entrenamientos en Lezama. No hay margen para mucho más, pero se ha acostumbrado a este tipo de vida, ya que salió muy joven de su Urretxu natal para estudiar Magisterio en Vitoria y después hizo prácticas en San Sebastián. Y siempre con el fútbol como añadido. Su carrera deportiva la trajo a Bilbao, donde se ha convertido en una de las piezas fundamentales del Athletic. «Desde los 18 años estoy fuera de casa, así que estoy acostumbrada a este ritmo. Cuando vine trabajé en el Kafe Antzokia, estuve dos años y no tengo queja, pero claro, el trabajo de camarera al final de la semana pasa factura. Desde que estoy en el museo y dejé la residencia para irme a un piso, estoy mucho mejor», afirma.

Su pasión por el fútbol viene de lejos, desde muy pequeña cuando jugaba en el colegio, pero nunca se le pasó por la cabeza que podría dedicarse a este deporte como lo hace ahora. «Me dio por ahí, sin más. Hasta los once años me dediqué a la gimnasia rítmica, pero a mí me gustaba más darle patadas a la pelota que otra cosa».

Ahora, recién cumplidos los 28 años, está viviendo grandes momentos, aunque es consciente de que en este deporte queda mucho por hacer. «Esto no da para vivir, pasarán años hasta que se pueda. A mí desde luego no me tocará, pero las que vengan por detrás igual lo alcanzan», desea Guru, para quien cualquier comparación entre el dinero que genera el fútbol masculino y el femenino no tiene base. «En nuestro caso no. Claro que me gustaría cobrar lo que cobran ellos, pero no se concuerda con la realidad. No voy a pedir el dinero que no soy capaz de generar. Las diferencias hay que valorarlas en su justa medida».

Así que consciente del deporte del que forma parte, esta futbolista internacional prefiere quedarse con todo lo bueno que está viviendo estos años en el club rojiblanco y no hacerse falsas ilusiones de lograr metas que a su juicio son inalcanzables todavía. «Me quedo con la amistad de la gente de los equipos por donde pasas. Tengo amigas en casi todas las zonas del país, y además el fútbol te permite viajar y conocer diferentes lugares que de otro modo quizá no podría haber visitado de otra manera», razona.

ITZIAR GURRUTXAGA

Centrocampista. Este año ha dejado su trabajo en Trapagaran

Itziar Gurrutxaga es quizá una de las jugadoras que más está disfrutando de una temporada que está a punto de finalizar de forma exitosa. Y es que la capitana rojiblanca, una de las piezas fundamentales en la buena marcha del equipo, vive este año el fútbol prácticamente a nivel profesional, aunque de forma efímera. «He estado trabajando, pero lo he dejado porque no podía seguir a ese ritmo, también necesitaba tener un poco de tiempo libre para mí y los míos».

Su antiguo plan diario fatiga de sólo escucharlo. «Salía de Elgoibar a las siete y media de la mañana para ir a Trapagaran. Cuando terminaba iba a todo correr al entrenamiento, y luego a las nueve y media o diez de la noche vuelta para casa. Así de lunes a viernes, y el fin de semana competición. No podía seguir con ese tren de vida, la verdad, así que decidí dejarlo, tomarme un año de tranquilidad, y la verdad es que estoy disfrutando más de todo», admite, aunque no durará mucho tiempo con su nueva vida. «Esto no da para vivir, así que me estoy moviendo ya para buscar algo, a ser posible más cerca de casa».

A sus 30 años, Itziar es toda una veterana en esto del fútbol, y con tres Superligas -mañana espera tener una cuarta- y una larga trayectoria internacional a sus espaldas, es una voz experta a la hora de hablar del fútbol femenino y del Athletic. La de Elgoibar aprovecha la conversación para mirar hacia atrás, recordar cómo fue el 'boom' del equipo femenino y la repercusión que tuvo dentro de un club tan tradicional como es el bilbaíno. «Ir a San Mamés y llenarlo es uno de los mejores momentos de mi vida deportiva. Fue tan inesperado que ahora todavía lo piensas y te preguntas cómo fuimos capaces de llenar el campo», explica con ilusión la capitana, quien también admite que hubo que sortear el obstáculo de un sector de socios más conservadores, quienes poco menos que consideraban un sacrilegio que las chicas jugaran en 'La Catedral'.

«Supongo que habrá todavía una parte de la afición a la que no interesamos, pero hay otro tanto que nos ha prestado su apoyo. Cuesta convencerles, porque date cuenta que cada domingo vienen 2.000 a Lezama, no son los 15.000 ó 30.000 de los casos excepcionales, pero ya tenemos nuestra cuota de afición, que son fieles. Y luego, cuando se abre San Mamés, ahí están los datos. Y lo mejor es que viene mucha gente joven. Es muy importante que sean los niños los que pidan a sus padres ir a ver jugar a las chicas, para poder dar a conocer este deporte».

Eso sí, confiesa que le aburren las inevitables comparaciones entre el equipo masculino y el femenino, y más teniendo en cuenta la complicada temporada que vive el grupo de Mané. «Son dos tipos de fútbol diferentes, no se pueden comparar. Ellos son profesionales, esto es un 'hobby'. No es que moleste, pero aburre un poco», afirma Itziar, que procura no fijarse en la vida de los profesionales salvo en un caso concreto. «Nosotras no lo somos, pero la exigencia es la misma, así que cuando tú llevas todo el día trabajando y todavía tienes que entrenar, y ves que ellos se quejan por tener una doble sesión, por ejemplo, sí que duele un poco, pero en realidad es la vida a la que están acostumbrados».

ERIKA VÁZQUEZ

Delantera. Estudia tercero de IVEF en Vitoria

De las tres es la que menos tiempo lleva en el Athletic, ya que ésta es su tercera temporada tras ser fichada del Lagunak navarro. Pero Erika Vázquez se ha hecho imprescindible a base de goles. En 79 partidos como rojiblanca, ha marcado 59 tantos, una media más que respetable y que ya la firmarían muchos delanteros de élite. «Muchas veces me dicen eso de 'si hubieras sido chico'... si hubiera sido chico igual ni me habría gustado el fútbol, quién sabe. Las comparaciones son odiosas, no se puede comparar a los chicos con las chicas», zanja la navarra, que pese a su juventud -24 años- sorprende por su franqueza y su claridad de ideas.

Como, por ejemplo, a la hora de asegurar que «no me cambiaría la vida con los futbolistas de la primera plantilla, aunque claro que me gustaría ganar lo que ellos ganan», o a la hora de explicar que «el fútbol femenino es pan para hoy y hambre para mañana. Puedes vivir de ello, te da para pasar el mes con lo que ganas en algunos equipos, pero cuando termine tu vida deportiva, tienes que empezar de cero. Al final lo más importante es que tengas unos estudios, que los puedas compatibilizar con el deporte, y el día de mañana dedicarte a tu profesión. Y mientras tanto, has disfrutado de todo lo que te da el fútbol».

Después de esto, no sorprende que Erika estudie una carrera. La navarra se encuentra en tercero de IVEF, y reparte sus días entre ir por las mañanas a Vitoria y por las tardes a Lezama a entrenar, un esfuerzo que recuerda al de Itziar y que termina por pesar según transcurre la semana. «Es durillo. El primer curso lo haces con ilusión, pero luego va pesando. Me tengo que levantar todos los días a las seis y media para coger el autobús, y vuelvo entre las tres y las cuatro. Y por la tarde a entrenar. Pero bueno, siempre hay algún día que digo 'lo siento, pero hoy no voy a clase'. Hay que tener muchas ganas, pero a mí me gusta, e igual el día de mañana puedo ser profesora de Educación Física y compatibilizarlo con algún equipo».

Mientras tanto Erika, que empezó a dar patadas a un balón desde niña -«también hice gimnasia rítmica, pero no era lo mío»- disfruta con todo lo que le está dando el ser deportista de élite. «Quién me iba a decir cuando empecé que iba a terminar jugando en San Mamés. No lo hubiera creído. Es para estar feliz porque aquí tenemos unas instalaciones de lujo, los mejores médicos... Te sientes una privilegiada».

 
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