C Tiene apenas 31 años, pero ya son 17 de dedicación, en una u otra medida, a la denominada canción española, la copla, y hoy por hoy, especialmente, al cante flamenco. Labrarse un nombre en ese ámbito requiere de mucha constancia, y más siendo de Elgoibar, como en el caso de Nathalia Mellado, que contra viento y marea ha hecho realidad el sueño incubado desde niña. Voluntad y perseverancia fueron sus aliadas en tan larga carrera de obstáculos, sin importarle para ello afincarse en Madrid desde 1999.
«¿Mi profesión? Se puede decir que soy 'cantaora'», sostiene, al otro lado del teléfono, entre ensayo y ensayo en Alcalá de Henares, donde estableció su domicilio, siempre en el entorno de la capital, hace tres años. Antes de explorar en el presente, echa la vista atrás y recuerda cómo ya desde muy pequeña estaba «deseando acabar EGB» porque lo que verdaderamente quería era «estudiar canto, solfeo y música», explica.
Con tan sólo 11 años se integró en una tuna y poco después se enfrentó por vez primera en solitario al público. «Fue en la Plaza de la Constitución, en Donostia. Iba con la tuna, pero al término de la actuación mi hermana tocó la guitarra y yo canté. Había un montón de personas. Nunca se me olvidará». Con 14 años ya empezó a cantar copla como solista y se hizo asidua a festejos de los centros culturales de Andalucía. «Sobre todo al de Ermua», resalta.
Paralelamente comenzó a recibir clases de canto y, a los 17 años, empezó a viajar una vez a la semana a Madrid para seguir su formación musical, aunque no se afincó allí hasta que cumplió los 23. «Gané un concurso televisivo de ETB con la canción de Mónica Naranjo 'Sobreviviré'. A raíz de eso me propusieron trabajar dos temporadas con ellos y, a la conclusión, ya decidí irme», rememora, consciente de que era el camino a seguir. «Nada más llegar lo primero que hice fue salir como figurante en la teleserie 'Siete vidas'», cuenta, como anécdota. Lo segundo fue meterse en la orquesta con la que Raphael protagonizaba su tradicional presencia navideña en televisión, repitiendo los tres años siguientes. «Además, trabajé cinco años en el cortijo 'Las Locas' y lo compaginaba con acompañar en sus giras a Manolo Escobar. Después me llamó de nuevo Raphael, me propuso hacer 'las américas' y estuve tres años con él. Luego regresé, y de hecho sigo, con Manolo Escobar... siempre he tenido trabajo», se congratula.
Más recientemente, casi sin pretenderlo -aunque se preparó en dos buenas academias-, el flamenco llamó a su puerta. «Siempre me he centrado en la copla y hasta hace poco el flamenco ni lo había tocado, pero empecé a cantarlo y hoy tengo más trabajo con ello que con la copla», se sorprende. Se asiste de Pepe Núñez, un afamado guitarrista que antes ya acompañó a Juanito Valderrama, Rafael Farina, María del Monte e incluso, recientemente, a Isabel Pantoja.
Paralelamente también integra un grupo de cante y baile flamenco, acude los fines de semana a un reconocido 'tablao' de Alicante y permanece en 'Kabal-Gaché', una experiencia de flamenco-fusión en la que comparte escenario con su pareja, el pianista Raúl Ramos.
Rebautizada como 'Nati'
«Cuando llegué tenía otros sueños, pero he conseguido hacer realidad el más importante, vivir de ésto, y por eso siento que he tenido mucha suerte, aunque nadie me ha regalado nada, sino que he sido yo la que ha tenido que estar en una constante búsqueda», reflexiona Nathalia, ahora rebautizada artísticamente como 'Nati' Mellado. «Me llaman así porque con 'th' no sonaba demasiado bien para el flamenco», aclara. Otra faceta que experimenta ahora es la empresarial, cada vez más habituada a mover los hilos directamente, sin intermediarios. «La negociación siempre es muy difícil, pero si ofreces buen material por lo general te lo van a coger», sostiene.
No es de extrañar, con tanta actividad, que cada vez distancie más sus visitas a Elgoibar, donde reside su familia. «La última vez fue en Navidad, pero fíjate que mi sobrina nació hace dos meses y todavía ni la conozco», se lamenta. «Antes tenía más tiempo, pero ahora si voy no me puedo quedar más de tres o cuatro días», añade. Tal vez por ello un simple paseo por su pueblo le sirve para percatarse de que le es extraña «la mitad de la gente». Algo que antes no pasaba. «O están muy distintos o la distinta soy yo. Nunca se sabe si ha cambiado mi pueblo o habré sido yo», se pregunta.
«Llevas tanto tiempo fuera que sólo te propones volver para ver a tus padres. Pero cuando ya me voy acercando y veo las montañas tan verdes, ¿ay! siento algo por dentro, porque es mi tierra, mi casa. Al ir me doy cuenta de que es algo muy mío, de toda la vida».