Lunes, 7 de mayo de 2007
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Ellas ganan
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Yo no sé cuanto durará la supremacía demográfica femenina, porque con el cambio tan drástico que han tenido las costumbres de las señoras y señoritas, que se están equiparando en todo a los hombres (fuman, beben, trabajan, hacen deporte y hasta son policías y soldados) es posible que esa supremacía llegue un día a cambiar de signo. Sobre todo por lo de 'soplar' y fumar. De momento y pese a que las costumbres de ellas cambiaron hace ya muchos lustros, las señoras siguen siendo mayoría, aunque sólo sea mayoría simple, pero mayoría al fin y al cabo. Y no sólo nos ganan en número, sino que de momento esa ventaja continúa aumentando, lo cual no es un buen augurio para el amor propio masculino.

Estoy escribiendo estos comentarios, después de hacer unos números que saco del boletín estadístico que edita el Área de Relaciones Ciudadanas del Ayuntamiento, correspondiente al ejercicio del año 2006. En el capítulo de la demografía leo las cifras de la llamada 'Pirámide de población', que distribuye a los habitantes de la villa según su edad, desde cero hasta más de 85 años y allí compruebo que pese a todo y contra el viento y marea de las nuevas costumbres, ellas siguen siendo mayoría.

Aquí si que no caben opiniones o criterios. Los números cantan su llamada canción exacta y los números son concluyentes. En la estadística del año 2005, las mujeres nos superaban en la cifra de 18.520. Eso significa que en Bilbao había 18.520 mujeres más que hombres. Me voy ahora a las cifras del año 2006 y observo que esa diferencia ha aumentado. Ahora hay en la villa 18.822 más mujeres que hombres, de donde se deduce que la diferencia ha aumentado en más de trescientas señoras o señoritas. Y si analizamos la pirámide de población o estadística por edades, observamos que siempre nacen más niños que niñas, pero esta supremacía masculina no llega más allá de la edad de la cuarentena, punto básico en el que comienza a haber más mujeres que hombres ,y así continúa hasta al final de las edades humanas.

¿A qué se debe ese cambio de signo y ese fenómeno de la supremacía demográfica femenina? No lo sé ni puedo analizarlo, porque mis cortos alcances no me lo permiten. Allá los demógrafos que son los que tienen la obligación de analizar estos datos. Yo me limito a cumplir con mi modesta obligación periodística haciendo constar el hecho.

 
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