«Ha quedado realmente bonita, pero el problema es que con este suelo hemos pensado que era peatonal». Son las impresiones de Txelo y Desiderio, un matrimonio bilbaíno que ayer cruzó la plaza Campuzano de punta a punta, convencidos de que no se iban a encontrar con ningún coche en su camino. Cuando llegaron a la fuente tuvieron que subirse al bordillo del surtidor para apartarse de varios vehículos procedentes de Rodríguez Arias. Tras el «pequeño susto», continuaron su camino hacia la esquina de Gregorio de la Revilla. Como ellos, decenas de personas se vieron sorprendidas por el carácter no peatonal de Campuzano.
La Policía Municipal cortaba el paso a la mayoría. En pantalón corto y camiseta, Luis aprovechaba el mediodía para hacer deporte. Su trayectoria le llevaba a cruzar la glorieta pero, cuando ya ponía un pié sobre las losetas grises, el brazo firme de un agente le cortó el paso. «Por aquí no se puede, no es peatonal. Debe ir por la acera», le indicó el uniformado. «Es que estos días pasados he cruzado sin problemas y pensaba que iba a ser así siempre, como no hay señales...», razonó Luis.
La ausencia de indicadores también despistó a Ana María, que se tuvo que subir a un bordillo para dejar paso a un autobús. Mientras, una joven, que había estado un rato sentada con su perro en el césped que bordea la fuente, abandonaba su atalaya. Al ser informada por otra viandante de que no se podía estar ahí, ella se quedó sorprendida y se despidió con un airado «¿bah!, que venga la Policía Municipal y me eche».
Mercedes se paseó junto al surtidor con tranquilidad hasta que aparecieron tres coches y un par de unidades de Bilbobus. «¿Qué mosqueo! Con este suelo y la fuente en medio yo pensaba que era sólo para los viandantes», decía la mujer. «Si pintasen unas rayas creo que se vería que es sólo para vehículos», apuntaba.
Más negocio
Tras dos años «sufriendo» las obras, los bares y tiendas del entorno, han recuperado el ritmo que marcan los pintxos y las compras de la hora de comer. En Styling, Vanessa se mostraba satisfecha «porque, por fin, nos han quitado el panel de delante». La tienda de ropa deportiva era un balcón perfecto desde el que ver las conductas de peatones y conductores.
«Ha habido un poco de caos porque a algunos conductores no les queda claro por dónde se puede entrar y por donde no. Además, la mayoría de los transeúntes creen que es peatonal», reconocía la joven. Desde el bar Marakay, Iver, también miraba al exterior con satisfacción por el aumento de la clientela. El joven camarero admitía que prefiere que la zona no sea sólo para los paseantes. «Por las noches es más seguro que circulen coches. Hay menos robos», argumentó.