Dos años de obras ha costado, pero ya tenemos nueva plaza Campuzano justo al agotarse el mandato de la presente Corporación. La mejora estética de esta plaza es evidente: nunca, que uno recuerde, fue la plaza de Campuzano tan bonita. Los que ya van teniendo una edad, recordarán a poco que se esfuercen haber aparcado el coche en el perímetro de la plaza y aun en el centro de la rotonda, montando las dos ruedas de la izquierda sobre el bordillo de la rotonda central que protegía la fuente.
Ya hace algunos años que esta forma de aparcar ha caído en desuso, probablemente por la mayor actividad de la grúa. También hace ya tiempo que desapareció el cine Astoria y ahora nos devuelven una plaza diáfana, con sus zonas verdes y su fuente con chorrito, según aquel sueño urbanístico de Pepe Isbert para Villar del Río en 'Bienvenido, míster Marshall'.
A uno, ya digo, le gusta la estética de la plaza, que oculta los vehículos en el aparcamiento que le han abierto en las entrañas, sin coches aparcados en superficie. Todo da la impresión de un urbanismo más amable, aunque en los dos primeros días de su apertura se ha advertido un inconveniente. Se trata de la estética semipeatonal, que induce a error a no pocos viandantes. En nuestra simple mentalidad de peatones, tendemos a asociar la calzada para la circulación de los coches con el asfalto, las losetas y otras superficies para los ciudadanos de a pie y las zonas ajardinadas para la vista.
Esta es la cuestión, que los caminantes se extrañaban de que, en lo que ellos consideraban zona peatonal, siendo en realidad vial para el tráfico rodado, no hubiese bancos, que fueran a sentarse al bordillo de la fuente o que deambularan como paseantes cachazudos por una zona que puede ser cruzada por los autobuses y los taxis que entran desde Gregorio de la Revilla y los turismos que acceden por Rodríguez Arias.
Los primeros días nos sacarán del error los agentes de la Policía Municipal, pero no hay razón para pensar que nuestros visitantes, ahora que somos ciudad turística, vengan conociendo el hecho diferencial de nuestra plaza. Tal vez unas rayas pintadas en el suelo ayudaran al personal a ponerse en situación.