Docentes que participan en el programa educativo consultados por este periódico destacan que el margen de maniobra que tienen para utilizar la unidad didáctica en las aulas es grande. Coinciden en que la marcha del curso y su orientación dependen más de cada profesor y de su tipo de alumnado que de las fichas y textos que ha preparado el Departamento. Educación, sostienen, les dio libertad para elegir los testimonios y los textos de una iniciativa cuya metodología se apoya en el debate en el aula.
Algunos participantes han dirigido sus esfuerzos a tratar con sus alumnos sobre la violencia en general -desde el acoso escolar a las actitudes agresivas en el ámbito deportivo- o la resolución de conflictos por medios pacíficos, con el objetivo de transmitir la necesidad de acompañar en el sufrimiento a todo tipo de víctimas. Lejos del propósito que perseguía la Dirección de Víctimas del Terrorismo con su proyecto. Sin embargo, cada profesor de instituto o ikastola ha podido optar por un camino diferente. «Nosotros somos ajenos a la batalla política; la propuesta nos llega de Educación y la aceptamos. Sabemos lo justo», señala el portavoz de uno de los colegios.
Pero parecen ser los únicos que conocen algo del plan. A pesar de que se puso en marcha hace tres meses, es difícil encontrar algún miembro de la comunidad educativa al tanto de sus entresijos. Ni berritzegunes -los centros de formación del profesorado-, ni el colectivo de directores, ni agrupaciones de padres de alumnos saben de su funcionamiento. Algunos partidos políticos han censurado que Derechos Humanos y Educación haya mantenido un hermetismo tan grande sobre el curso piloto.