Miércoles, 16 de mayo de 2007
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ECONOMÍA

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Un senador en Porsche
Los signos externos en el nivel de vida de Víctor Bravo han desentonado a menudo con sus cargos en la Administración
Un senador en Porsche
Víctor Bravo, ex senador del PNV. /EL CORREO
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Cuando aparcaba su flamante Porsche 911 en Lakua para asistir a alguna de las reuniones del Órgano de Coordinación Tributaria como director de la Hacienda de Guipúzcoa, temblaban los cimientos de la austeridad de la que siempre ha hecho gala el PNV. Nada tenía de ilegal que el guardián de los tributos guipuzcoanos fuese propietario de ese coche -más de 120.000 euros a precios de hoy-, prodigio de la ingeniería automovilística alemana, que ha sido siempre uno de los mitos y el sueño de cualquier aficionado a las cuatro ruedas y a la velocidad. Era, simplemente, un signo externo de un responsable foral, Víctor Bravo Du- rán, amante de enseñarle al respetable su poder económico y a quien todo el mundo adjudica una capacidad de «encantamiento» tan grande que siempre ha sido capaz de compensar cualquier carencia técnica.

Todas las miradas se han vuelto hacia el hasta hace unas horas senador del PNV a la hora de buscar responsables en la presunta estafa descubierta en la oficina de Hacienda en Irún. Hermano del principal imputado -José María Bravo, ex responsable de la delegación investigada- y director del fisco guipuzcoano entre 1991 y 2003, periodo en el que se registraron buena parte de los hechos supuestamente delictivos, sus responsabilidades, por el momento, no han sobrepasado la esfera de lo político. Su partido le ha obligado a dimitir de su cargo en la Cámara Alta. La misma dirección a la que apoyó en su proceso electoral interno -el ya ex parlamentario hizo campaña pública en la organización en favor del nombramiento de Josu Jon Imaz como presidente del EBB- le ha exigido ahora una dimisión que él ha tratado de eludir sin éxito.

Llamar la atención

Cosas de la vida. Ahora, todo el mundo encuentra un porqué, un lazo, una conexión no probada pero posible con esa disonancia que Víctor Bravo ha mantenido en los últimos años. «Sus signos externos, su forma de vida, nunca han guardado relación alguna con el sueldo de un matrimonio de funcionarios», apuntan desde su entorno. Pero nadie ha acreditado sobre él indicios de un presunto delito.

¿Será quizá porque Bravo va ya por el tercer Porsche? Quizá. Y es que al 911 le había precedido unos años antes un 'modesto' 924 y más recientemente se le ha añadido el todo terreno modelo Cayenne de la firma germana. Otra fruslería que, dependiendo del equipamiento, se mueve también en torno a los 120.000 euros -20 millones de pesetas- y ... todo para no poder pasar de 130 kilómetros a la hora. Es el coche de moda para cualquier aspirante a 'pijo' oficial.

Puede ser también porque, durante años, Bravo se jactaba de sacar a pasear en su propia avioneta a sus compañeros de trabajo, amigos y gente variopinta, en un alarde de habilidad. Lástima que un inoportuno examen médico finalizase con la retirada de la licencia para volar después de detectar que no identificaba correctamente los colores.

Menos conocido, aunque no menos impactante, fue su decisión de elegir Las Vegas, la meca norteamericana del juego, para contraer segundas nupcias con Arantxa Arbelaiz, con quien coincidió en el Gobierno vasco -él era entonces director de Patrimonio y ella funcionaria del Departamento de Hacienda- y con quien recorrería también un periplo profesional paralelo. Cuando él era director de la Hacienda guipuzcoana, ella era presidenta del Tribunal Económico Administrativo de la Diputación foral de Guipúzcoa. Simplificando: ella resolvía los recursos que presentaban los contribuyentes contra las decisiones de su marido. En la actualidad, ella ocupa el cargo de directora de servicios del Departamento de Industria del Ejecutivo autónomo.

Víctor Bravo no ha sido durante la última legislatura un senador con dedicación plena. Las compatibilidades del cargo le han permitido, por ejemplo, representar en numerosas operaciones al grupo industrial eibarrés Alfa y, con toda seguridad, obtener importantes ingresos con los que complementar sus ingresos como representante de la voluntad popular.

Extremadura

La denuncia presentada por la Fiscalía ante el juzgado de Irún ha apuntado una relación muy tangencial entre el patrimonio de Víctor Bravo y su hermano José María. La investigación tan sólo les ha encontrado juntos como copropietarios de un local comercial en Extremadura, en la localidad de Jerte, que comparten también con sus respectivas esposas. Ésta, junto con otras propiedades es, en opinión de la Fiscalía, uno de los instrumentos de los que se valió el ex director de la oficina de Irún para «encubrir la ilícita procedencia del dinero».

Es precisamente esa zona de Extremadura uno de los 'epicentros' que la investigación del ministerio público ha detectado como destino de las inversiones de los impuestos en la supuesta trama. La vinculación de los hermanos Bravo con el valle del Jerte no es casual. Es la tierra de sus padres, de la que emigraron en los años 50 con destino a San Sebastián en busca de una alternativa al escaso provenir que se intuía detrás de la plantación de viñedos y el cultivo del tabaco. El ya ex senador nació precisamente en una instalación anexa al hospital de Aránzazu, en cuya construcción trabajaba su padre. «A mí nadie me ha preguntado nunca sobre mis apellidos o mis orígenes en el PNV», aseguraba hace algún tiempo Víctor Bravo en unas declaraciones a un periódico extremeño, donde defendía su «sentimiento de vasco» y su «corazoncito» extremeño.

 
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