Miércoles, 16 de mayo de 2007
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VIZCAYA

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El granero de la posguerra
El régimen franquista ideó la fábrica de fertilizantes en 1941 para aumentar las desabastecidas cosechas agrícolas en un país arrasado por el conflicto bélico
El granero  de la posguerra
A PLENO RENDIMIENTO. La planta, poco después de su apertura en los años 50. . / EL CORREO
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Sefanitro nació en 1941 en un país devastado por la Guerra Civil. El régimen franquista le encomendó la misión de aumentar las cosechas agrícolas con sus fertilizantes. Era una época de desabastecimiento y los campos del norte peninsular estaban en declive. Sin embargo, no fue hasta 1950 cuando la Sociedad Española de Fabricantes Nitrogenados inició su producción en Lutxana, que asistió a la desaparición de su núcleo histórico tras nueve años de intensas obras. La profunda crisis del hormigón obligó a Francisco Franco a declarar la compañía de «interés nacional» para poder dar carpetazo a los trabajos. Esta prerrogativa también le permitió expropiar las tierras sin sobrecoste alguno.

El viejo Lutxana pasó a la historia bajo el mandato del alcalde José María Llaneza. No quedó ni rastro de los viejos caseríos, las escuelas o la ermita. Desde los 50, el casco urbano actual creció alrededor de la nueva planta. «Detrás de la iniciativa estuvo también Altos Hornos de Vizcaya, su empresa matriz, que le suministraba el gas», recuerda José Eugenio Villar, presidente de la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial. El exitoso arquitecto Germán Aguirre siguió el modelo de fábrica-ciudad para diseñar Sefanitro, renovado en la década de los 70. Algunas de las instalaciones más antiguas se conservaron, como las dos torres de refrigeración de tilo natural.

Esos vestigios del pasado serán derruidos ahora, pese al intento del colectivo liderado por Villar por protegerlos. El Gobierno vasco desestimó su petición. Y eso que el prestigioso Registro Ibérico de arquitectura moderna avala su tesis, al incluir a la fábrica en la lista de obras emblemáticas. Para el historiador Gorka Pérez de la Peña, el trabajo de Aguirre en Sefanitro supuso «una revisión muy acertada de la tradición local» con unas oficinas «pioneras» en la utilización de plaqueta de ladrillo, característico en el racionalismo.

Normativa europea

Ya en 1996, empezó a vislumbrarse el final de la factoría. El Gobierno central la vendió a Fertiberia, del grupo Villar Mir, por apenas 5 millones de euros. Con la posterior revisión del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) en Barakaldo llegó la condena definitiva. Con la nueva normativa, los terrenos pasaron a ser residenciales. Y, a finales de 2005, el Ayuntamiento aprovechó una directiva de la Unión Europea que prohíbe estas plantas en cascos urbanos para cerrar Sefanitro.

Apenas 170 trabajadores quedaban entonces en la fábrica, que llegó a contar con medio millar de operarios. Tras una dura pugna con la empresa, se llegó a un acuerdo con los empleados. Luego, el suelo cambió de manos por 240 millones de euros para que hoy la desaparición de Sefanitro vaya viento en popa. José Eugenio Villar lo ve «con mucha pena». Cree que se podría haber conservado algún elemento para recordar al gigante industrial.

 
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