Que el alcohol es mal compañero de viaje en la carretera es una verdad de la que dan fe muchos sucesos desgraciados. Otras veces, la historia, sin llegar a tener un final feliz, por lo menos no acaba en desgracia. Uno de estos últimos casos sucedió en la madrugada de ayer en Galdakao. Pasadas las tres y media de la mañana, un particular alertaba a SOS Deiak de que un joven, en apariencia inconsciente, se encontraba tendido en la cuneta de la A-8. Junto a él, un coche permanecía estacionado en el arcén.
Instantes después se personaron en el lugar una UVI móvil, una patrulla de la Ertzaintza y una ambulancia de la DYA. Pensaban atender un accidente de tráfico con heridos, pero se encontraron algo bien diferente. Un joven veinteañero, que despedía un fuerte olor a alcohol, estaba dormido sobre el asfalto. A su lado, tirado en el suelo, el gato y la rueda de recambio. En el interior del vehículo se hallaba otro chaval, también dormido.
De copas
Ambos habían salido esa noche de copas y se dirigían en dirección San Sebastián por la autopista, cuando, a la altura de Erletxes, en el kilómetro 104, sufrieron un percance; reventó uno de los neumáticos del coche. Estacionaron en el arcén y uno de ellos se dispuso a cambiar la rueda, pero antes de acabar se quedó dormido. Por la tasa de alcohol que arrojó no era de extrañar. «Superaba el triple de lo permitido», informaron ayer desde el Departamento de Interior del Gobierno vasco.
Así que la primera intervención de los sanitarios fue tratar de despertar a ambos, especialmente al que se encontraba tendido en el vial. «No había manera, sólo respondía a estímulos dolorosos -pellizcos en las zonas más sensibles del cuerpo y palmadas en la cara-», explicó un voluntario de la DYA.
Pasados unos minutos, el joven despertó aunque apenas podía articular palabra debido al «fuerte etilismo». Entonces, los sanitarios trasladaron a los dos jóvenes -A. J. I., de 26 años, y C. O. U., de 23, ambos vecinos de Bilbao- a un centro sanitario.