Domingo, 20 de mayo de 2007
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El día que los aviones negros asolaron Galdakao
El municipio recuerda a los 23 fallecidos tras un bombardeo en la Guerra Civil
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Ocurrió un 19 de mayo de hace 70 años. Los testigos y supervivientes del bombardeo que asoló Galdakao nunca podrán borrar lo que ese día quedó grabado a fuego en su memoria. Los centenares de bombas que cayeron desde aquellos «aviones negros» sobre lo que era una pequeña aldea rompieron la vida de una gente sencilla. Murieron 23 personas, la mayoría niños y mujeres que se guarecían en el refugio de Plazakoetxe, a la entrada del municipio. Ayer, familiares y amigos rindieron homenaje a sus antepasados muertos durante la primavera de 1937 por los bombardeos de los aviones alemanes e italianos aliados de Franco.

En los montes de Galdakao se encontraba el 'Cinturón de Hierro', un lugar de paso de la aviación del bando franquista que cada ocho días dejaba «un regalito» a la población en forma de bombas. «Tiraban por tirar y casi nunca acertaban», relataba José Larrea a las puertas del cementerio después de que José María Larruskain, el párroco del municipio, rezara un responso por las víctimas de la Guerra Civil. «Te lo cuento y lo estoy viendo», continuaba José con los ojos llorosos. Tenía por aquel entonces once años y su afán era ver desde lo alto de Elexalde, su barrio, cómo se abría el portalón de la aeronave para soltar la bomba. Al final, aprendió a jugar con la pólvora, las balas y las granadas que los militares dejaban en su retirada.

El primer par de obuses cayeron un domingo de septiembre cumpliendo las amenazas que llegaban desde una emisora de Sevilla. «Vimos desde el puente de Abusu -en el antiguo parque de bomberos de Galdakao- a una mujer que bajaba del tranvía con un bebé en brazos. Fue derribada por la onda expansiva. Salvamos la vida de milagro». Sólo fue el preludio de sucesivos ataques para los que Galdakao se preparó como pudo. «No teníamos ni idea. Construimos refugios para ametrallamiento y bombas de mano. Y lo que tiraban pesaba de 50 kilos a una tonelada». Y así, un 19 de mayo de 1937 se desató la tragedia.

«Truncaron mi juventud»

A las 16.30 horas llegaron en filas de nueve más de 60 aviones que dejaron a su paso «una cortina de humo, fuego y desolación». La población estaba escondida en los refugios de La Mina, Abusu, Elexalde, La Cruz y Plazakoetxe, sobre el que cayó una bomba que mató a una veintena de vecinos. Entre ellos, las dos hijas de 3 y 6 años, la mujer, la cuñada y la madre de Julio Moreno Basarrate. La hija de su segundo matrimonio, Rosalía Moreno, no pudo contener las lágrimas al recoger el ramo de flores en memoria de su familia.

Libe Asua, vecina de Elexalde, tenía 20 años y, como hija del enterrador, le tocó sepultar los cadáveres amontonados a la puerta del cementerio en una fosa común. «Venía de La Mina de llevar la comida a mi ama, que era muy miedica, cuando oí el 'rum rum'. Eran aviones negros rodeados de cazas. Hasta los perros corrían asustados. Truncaron mi juventud», afirma Libe, que no ha borrado de su memoria aquellos ojos y bocas abiertas «por el horror» que representaban sus amigos muertos. «Cuando divisé Galdakao desde lo alto de Elexalde vi siete caseríos ardiendo y todo sembrado de bombas incendiarias», describe Larrea.

 
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