Domingo, 20 de mayo de 2007
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Un banco para Bilbao
El 19 de mayo de 1857 se autorizó definitivamente la creación de la que habría de ser la primera institución de crédito moderna de Vizcaya
Un banco para Bilbao
CRÉDITO Y AHORRO. La segunda sede del Banco de Bilbao estuvo en la Plaza de San Nicolás. / EL CORREO
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A mediados del siglo XIX, en Bilbao se respiraban aires de cambio. Todo parecía ir bien. Los indicadores económicos provocaban un claro optimismo en el seno de una burguesía que cada vez tenía más claro que habría de ser ella la que liderara la marcha hacia la modernización y el progreso. Sin embargo, y pese a las expectativas creadas, la cosa no fue fácil. La puesta en práctica de nuevos conceptos económicos implicaba el reajuste de importantes piezas en el entramado económico de la plaza bilbaína.

Ciertamente, la villa era un centro mercantil de primer orden y todos sabían que habría de ser precisamente eso, el comercio, la llave que abriría las puertas del ansiado proceso industrializador. Desgraciadamente, la constatación de necesidades nuevas que exigían respuestas modernas llegó de la mano de un fracaso sonado que tuvo lugar en 1845. Aquel año, los principales magnates bilbaínos, junto a la Diputación y al Ayuntamiento bilbaíno, presentaron el proyecto del Ferrocarril Madrid-Irún por Bilbao. Con esa iniciativa se querían contrarrestar la otra idea, existente por entonces, de construir una línea férrea entre Madrid y Avilés, y con la cual la Villa se habría visto muy perjudicada en sus intereses comerciales. No obstante, y aunque se luchó todo lo que se pudo, el proyecto bilbaíno fracasó. ¿Por qué? Sencillamente, porque no existía ninguna entidad financiera lo bastante fuerte para respaldar un proyecto de semejante envergadura.

Leyes bancarias

De algún modo, la burguesía bilbaína se percató de golpe de que los aires económicos del momento exigían la creación de instituciones bancarias más acordes a los nuevos tiempos. Todo lo que había funcionado hasta ese momento, pequeñas casas de banca y oficinas crediticias, no daban de sí ante los nuevos retos que se planteaban en el terreno financiero. No era la primera vez que se hablaba de crear un banco. Ya a finales del siglo XVIII, la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País proyectó el Banco Patriótico Vascongado, que no llegó a convertirse en realidad debido, sobre todo, a la crisis generalizada que se vivía por entonces.

La nueva oportunidad de crear un banco moderno se presentó a raíz de la promulgación de las leyes bancarias de 1856, de tinte progresista, por las cuales se liberalizó la creación de entidades de crédito. Es decir, a partir de ese momento se permitía que diversos bancos, no sólo el de España, pudieran emitir papel moneda. Por fin llegaba la gran oportunidad, aunque lo hacía con prisa porque, si en tres meses no se establecía en la plaza bilbaína un banco particular, sería el de España el encargado de hacerlo.

Decididos a no perder la partida, los comerciantes bilbaínos se pusieron manos a la obra. Un mes después de publicada la Ley de Bancos de Emisión ya habían invertido en el nuevo proyecto 8 millones de reales. Es decir, «el capital considerado hoy suficiente para todo lo que requieren las necesidades mercantiles». Por todo ello, el 19 de mayo de 1857, Su Alteza Real Isabel II, concedió a la Junta de Comercio de Bilbao la facultad para la creación de un banco. Entre los accionistas de la nueva institución se encontraba la flor y nata del comercio bilbaíno: los Epalza, Aguirre, Zabálburu, Orbegozo, Ybarra, Uhagón, Arellano, Violette, Urigüen...

La distribución de acciones fue muy amplia, con lo que ningún grupo tenía una participación mayoritaria en la empresa. De ese modo, el recién nacido Banco de Bilbao surgió como el producto de la colaboración en el seno de una clase burguesa que ya se preparaba para invertir sus dineros en negocios totalmente nuevos, como la metalurgia y, en ese mismo año, en el Ferrocarril Tudela-Bilbao, que, por supuesto, recibió un amplio respaldo por parte de la nueva entidad financiera. La primera junta general de accionistas tuvo lugar el 3 de junio. El 24 de agosto, el Banco de Bilbao inició su andadura en las oficinas de Ambrosio de Orbegozo, en la calle de la Estufa, número 7.

Intereses de la Villa

Desde sus comienzos, la actividad del Banco de Bilbao estuvo consagrada a los intereses comerciales de la villa. De hecho, y a pesar de que la Junta de Gobierno estaba presidida por un Comisario Regio, se demandaba que al menos la mitad de sus integrantes fueran comerciantes, «y expresamente se estipulaba que no hubiese entre los directivos dos personas de la misma sociedad, ni parientes entre sí». De esa forma se eliminaba el riesgo de que un grupo empresarial determinado controlara el banco. Por otro lado, en las juntas generales todos los accionistas tenían derecho a un voto, fuera cual fuera la cuantía de su participación.

Con esos antecedentes, la vocación del banco durante su primera etapa fue sólo comercial. Letras mercantiles y créditos a los comerciantes conformaron buena parte de la actividad de la institución. En cuanto a su competencia para emitir papel moneda, ésta no se utilizó de forma alocada. Y eso que tuvo una capacidad de emisión de hasta 24 millones de reales, el triple de su capital, techo que nunca alcanzó.

La trayectoria del Banco de Bilbao fue de consolidación progresiva pese a la quiebra de la Compañía del Ferrocarril Bilbao-Tudela. De hecho, en 1862 se afirmaba que las «ventajas que ofrece el establecimiento van reconociéndose, se extienden sus relaciones con el comercio, el uso del crédito se generaliza». Entre sus logros también destacó el haber sido, en 1860, el primer banco español en crear una Caja de Ahorros con destino a las clases más modestas. Profesores, albañiles, labradores, herreros, zapateros fueron clientes de aquella iniciativa popular.

En 1874, el Gobierno recuperó el monopolio de la emisión de papel moneda para el Banco de España, lo cual fue un duro golpe para la institución bilbaína. Sin embargo, y pese a que la mayoría de bancos nacionales pasaron a convertirse en sucursales del Banco de España, el de Bilbao se mantuvo por sí mismo y se propuso la importante misión de «cumplir con el comercio, como centro de operaciones bancarias, favorecido por la confianza pública, y que en la localidad invierte, y al fomento de su riqueza dedica los cuantiosos recursos de crédito que de ella recoge». Aquella afirmación fue todo un reto y un propósito que avaló su permanencia y garantizó su desarrollo. Así se configuró como el primer gran banco moderno de Bilbao.

 
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