Domingo, 20 de mayo de 2007
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«La minusvalía sale muy cara»
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«Abrir puerta». Jesús Mari Navarro pide silencio a su alrededor, coge el PDA y pronuncia las palabras mágicas con un divertido gesto de concentración. En otra zona de la plataforma -no hace falta conexión visual con el mando- la puerta se abre. «Esto es fenomenal», proclama. «Le vendría muy bien a mi amigo Iñaki, que es tetrapléjico y se vuelve loco para abrir la puerta con llave».

Jesús Mari vive desde hace casi un año en un piso «medio adaptado» de Erandio. En el baño, los pasillos y algunas puertas se han eliminado las barreras, «pero faltan dos habitaciones». Su novia es sorda y en varios puntos de la casa han puesto un timbre con luz de alarma para que sepa cuándo llaman a la puerta, pero esta solución no les sirve para el portero automático. Ahora piensa en lo que ella disfrutaría si pudiera ver la imagen del videoportero y abrir con la PDA.

«Hazme un presupuesto para la puerta», le dice a Igone mientras comprueba las opciones de la pantalla. Él sabe por experiencia que «la minusvalía sale muy cara». Su silla de ruedas cuesta 3.000 euros. Se la trajeron de Estados Unidos. Está hecha de titanio «y es más resistente, estrecha y manejable. Sólo pesa seis kilos», explica.

Gorka Abad, que tiene parálisis cerebral, fue uno de los primeros en probar este ensayo de piso 'inteligente' y maneja la pantalla con soltura. «Está muy bien, es muy moderno», comenta. La persiana con motor le llama la atención. «Yo en casa me arreglo muy bien. No tengo problemas para moverme, pero el teléfono... Cuando suena en la otra punta, aunque llevo audífono, no lo oigo». Cada persona tiene sus limitaciones y la tecnología, cada vez más, ofrece respuestas para casi todas.

 
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