Antes de iniciar su recorrido bajo tierra, la 'Supersur' pasará por Trapagaran. Un espectacular viaducto de casi un kilómetro de longitud y con siete carriles cruzará la zona industrial del municipio en paralelo a la A-8 y servirá de punto de arranque a la nueva autopista de peaje, que llegará hasta Bilbao encadenando túneles y puentes de menores dimensiones. La estructura se construirá por tramos y con métodos de producción industrial para tratar de minimizar las afecciones al tráfico.
El viaducto de Trapagaran se convertirá en uno de los más largos de Vizcaya, por detrás del de La Arena, y en una referencia visual de la autopista. El proyecto está en fase de exposición pública tras su aprobación provisional y la Diputación espera sacar las obras a concurso después del verano. Es un punto estratégico que supone el enlace entre los tramos a cielo abierto de la nueva infraestructura -que abarcan desde Ortuella y Santurtzi hasta Portugalete y desde allí a Trapagaran- con los que continúan hasta Bilbao, en su mayor parte soterrados.
El nuevo puente, diseñado por una ingeniería de Barcelona, discurrirá en paralelo a la A-8, a la altura del viaducto de Galindo, y pasará por encima de la N-634. Sus medidas, como casi todo en la 'Supersur', se salen del molde. Cerca de un kilómetro de longitud entre el viaducto principal -de 670 metros- y sus cuatro bifurcaciones, que garantizan distintos movimientos. Dos de estos ramales darán paso hacia la margen izquierda y zona minera y otros dos, hacia Cantabria. En el otro extremo, habrá tres carriles de subida en sentido Bilbao.
«Es un reto»
Para dar cabida a esos siete carriles hace falta un viaducto de 35 metros de anchura. Diez más de los que tiene, por ejemplo, el puente Euskalduna, incluyendo el bidegorri y la zona peatonal. El núcleo central de la estructura será un cajón de hormigón que se va a construir por partes «como un Montaplex. Tecnológicamente es un reto. Es algo que no se ve todos los días», afirma el director general de Obras Públicas, Carlos Estefanía.
El cajón tendrá quince metros de anchura y seis de profundidad. Las piezas se irán colocando a ambos lados de las pilas -tendrá cinco además de los estribos- «siempre de manera simétrica, porque es un problema de equilibrio». Luego «se coserán». Esta técnica, conocida como «voladizos sucesivos», es similar a la que utilizó en la construcción del puente de Rontegi. «Se trata de trabajar desde arriba olvidándote del suelo» para interferir lo menos posible en el tráfico, explica Estefanía. Las pilas tendrán distinta altura «en función del terreno» y la mayor será de 40 metros.
Una vez colocado el cajón a lo largo de todo el recorrido, se unirá al resto de la plataforma -hasta alcanzar los 35 metros de anchura- mediante unas piezas metálicas denominadas jabalcones, que se pintarán de un azul intenso. Para poner en pie este viaducto, con 125 metros de luz entre las pilas, se utilizarán siempre que sea posible «métodos de producción industrial».
Las obras, que incluyen actuaciones auxiliares como la remodelación de dos intersecciones mediante glorietas, se prolongarán durante 32 meses y costarán 46,2 millones de euros. La Diputación tiene previsto que empiecen a finales de este año o principios de 2008. Al pasar por una zona industrial y «pegado a la autopista», el viaducto no tendrá un gran impacto en las edificaciones del municipio minero. En principio sólo está previsto el derribo de un pabellón que podrá ser reconstruido una vez finalizados los trabajos.